2021 economía en picada, lo contrario es paja: Aurelio Suárez

2021 economía en picada, lo contrario es paja: Aurelio Suárez

En esta nota realizada Germán Enrique Nuñez de Diario la enompia.com con el economista y analista mediático Aurelio Suárez, se visualiza que toda la quema de incienso sobre la sanación de la economía a partir de 2021, no son más que loas al actual mandato del poder, en razón que la realidad, dice eso que “Los altos índices de desempleo, el cierre de empresas y todo el caos en la demanda agregada tendrá que esperar por largo rato. Foto El Financiero Latam.  Edición wiltonrizzo@hotmail.com

Hace un año había un mal sabor en los agentes económicos, en los trabajadores y en la pequeña y mediana empresa, la economía caminaba por la cornisa y los augurios no eran lo suficientemente alentadores, después vino la pandemia y la tragedia económica llegó con postre y todo. Hay que recalcar que sin Covid-19, igual vendría una catástrofe en los indicadores, un asunto que bajó el perfil por la terrible enfermedad con la cual todo quedó muy bien escondido.

Algunos aseguran que lo mejor que le pasó a la mayoría de los gobiernos, incluido el de Colombia, fue la nueva virosis, porque la coyuntura, sostienen en uno que otro escenario, evitó que salieran a la luz algunos precarios manejos de política económica como de hecho lo es el fracaso del modelo económico que al parecer seguirá vigente para tragedia de los más pobres y vulnerables de Colombia, que prácticamente conforman todos los grupos productivos, advirtiendo un descontento generalizado pues no fue sino escuchar la indecente propuesta del salario mínimo para la vigencia de 2021, para ver el distanciamiento que hubo en algunos sectores empresariales de enorme prestigio. Seguramente no le jalaron a una propuesta insultante porque saben que sin plata nadie gasta y si no hay gasto “nos jodimos todos”.

El año que viene, dicen, será mucho más ascético, cargado de contratiempos y al parecer con unas medidas provenientes del ejecutivo que levantarán ampollas. Ya se habla de reforma tributaria y de decisiones para salvar la economía, pero como ya es costumbre el peso de ese plan de rescate caerá sobre los hombros de la Colombia del ofensivo mínimo, de empresas pequeñas y medianas, haciendo que los líos antes que arreglarse se exacerben, demorando la reactivación económica que dicen NO se dará en 2021, un argumento en ese sentido es mentiroso y bajado del “irrealismo trágico”.

Un motivo adicional de desconcierto nacional y de las pocas opciones para crecer en términos económicos es el avariento, estrecho y pusilánime salario mínimo decretado para 2021 porque para nadie con un dedo de frente es factible incentivar la demanda interna con limosnas en el bolsillo, un 3,5 por ciento en aumento no empuja ninguna economía, ni siquiera la de Haití.

Un ingreso básico de 908.526 pesos mensuales no cubre ni siquiera el desembolso por servicios públicos, no alimenta una familia, no la educa, no le permite recrearse, es totalmente infeliz, tacaño y fuera de coherencia. Hay que aclarar que el salario mínimo no pasó, jamás, del millón de pesos, el subsidio al transporte es un rubro totalmente aislado que no hace parte del estipendio, de primas, liquidaciones o temas legales. No es bueno decirle mentiras a Colombia, eso no habla bien de nadie.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el analista económico, Aurelio Suárez Montoya aseguró que la famosa recuperación económica en forma de V que plantea el gobierno, es decir un fenómeno que se registra cuando hay un frenazo en la economía, pero el regreso a la normalidad es igualmente rápido, carece de sentido y validez. Sostuvo que resulta increíble que cuando la economía colombiana mostrará caídas en el crecimiento de menos ocho por ciento, los analistas y los funcionarios estatales estén haciendo pronósticos halagüeños para el 2021 en donde dicen habrá un crecimiento del cinco por ciento.

Es muy difícil creer que eso pueda suceder mientras Colombia tenga el más alto desempleo en América Latina.

Hay que recordar que la tasa de desocupación en Colombia antes del arribo del Coronavirus era del 12, 2 por ciento y hoy es del 14, 3 por ciento, es decir que el problema del empleo es mucho más estructural que coyuntural de la pandemia y no puedo entender cómo, con una economía raquítica y lejana de la reactivación, con el lastre del modelo, que además estará abocada a una nueva reforma tributaria, la cual gravará el ingreso disponible de la base social del país, se argumente que habrá reanimación cuando las condiciones hacen pensar otra cosa muy distinta, y lo esperado para esta vigencia distancia considerablemente la posibilidad de recuperar la economía en un cinco por ciento, no hay forma”, declaró Suárez Montoya.

Indicó que más allá del escepticismo, se trata de la coherencia y el sentido común, pues considera que la recuperación será lenta, demorada, a tiempo que vaticinó que con dificultades la economía crecerá por debajo del tres por ciento en un contexto de generosidad.

Anotó que frente, a lo mal trecho de la economía, es decir quiebras, cierres, liquidaciones, salidas de personal y desolación empresarial, hay un agravante, y es que en el memorando de acuerdo del préstamo de Colombia con el Fondo Monetario Internacional, FMI, por el orden de 5.300 millones de dólares, hay una serie de restricciones al gasto público que para Suárez es una especie de talanquera en ese rubro para 2021 y el año siguiente.

Agregó que el escenario de demanda no es el más alentador toda vez que por lo menos un 30 por ciento de las unidades productivas del país en todos los sectores no han podido despegar. Expuso que de un salario mínimo que crece muy poco, nada se puede esperar, más si se tiene en cuenta que el ingreso disponible va a estar afectado, no solamente por el paupérrimo ajuste salarial, sino por el aumento de los impuestos indirectos y además del gasto público que estará limitado por los condicionantes del FMI, alrededor del préstamo en mención. De tal forma, recalcó, que no se ve, ni por el lado de los hogares ni por el lado de empresas, inversión o gobierno, con gasto estatal, un verdadero estímulo a la demanda.

“No entiendo entonces, por qué lado la economía pueda crecer a tasas del cinco por ciento, hay que ser muy iluso para hacer semejante apuesta con la factura por pagar que hay en la mano, reitero, eso es imposible”, estimó el connotado analista.

Según el experto, no hay luz al final del túnel porque el plan que tiene el gobierno es totalmente recesivo. Precisó que no basta sino observar el gasto público durante la pandemia que no llega a más del tres por ciento del producto interno bruto, PIB, el más bajo en América Latina, luego el estado de postración en el cual se encuentra la economía, sentenció Suárez Montoya, no va a ser posible resolverlo solamente con la acción de las empresas.

Colombia, afirmó el analista, no puede olvidar que el famoso Programa de Apoyo al Empleo Formal, PAEF, creado para apoyar al empresariado que paga salarios, no ha cubierto ni siquiera el 25 por ciento de las nóminas del país y lo han percibido, apuntó, fundamentalmente las grandes empresas.

Ese 40 por ciento del salario mínimo, añadió Aurelio Suárez, ha sido muy escaso para la gran mayoría de las factorías pequeñas y medianas del país que superan los 1.5 millones de empleos, por lo tanto, es insuficiente.

“Por ejemplo, mientras Estados Unidos acaba de aprobar un segundo plan de estímulos, entregándoles cheques a todos los ciudadanos en sus hogares para incentivar la demanda, en Colombia, por el contrario, el gobierno prepara una reforma tributaria recesiva y con restricciones del gasto público como contrapartida a los compromisos con el FMI”, dijo.

En materia impositiva podrán venir sorpresas, porque así como algunos creen que la salida es subir el impuesto a las ventas, IVA, otros le apuestan a mantenerlo en el 19 por ciento, pero aumentando la base gravable, como quien dice que se observarán en ese debate distintos fenómenos.

En opinión de Suárez, primero que todo, es evidente que está la intención de aumentar la base de contribuyentes de renta, pero por la parte inferior, es decir que es muy probable que personas que entren a devengar cerca de un nivel de tres millones o 3.5 millones de pesos, tendrán que declarar renta y paralelamente contribuir con el pago de renta. Aseguró en segundo término, que ante la resistencia social, el gobierno no podrá imponerle el IVA a la canasta familiar, ni siquiera tratando de seducirla con una sobretasa del IVA a los deciles o sectores socioeconómicos móviles y más débiles de ingreso, sumándole una devolución a ciertos sectores de la población.

“El principal temor, y en eso ha habido sendos académicos y centros de pensamiento que han caído en la misma lógica oficial, es aumentar lo que yo he llamado, los IVAS camuflados, que tienen que ver con el impuesto al carbón, el gravamen doble a las bebidas azucaradas, ya más allá del IVA monofásico del 19 por ciento, igualmente, en ese vademécum está es el impuesto a la gasolina, al gas natural, a los servicios digitales, también a los alimentos ultra-procesados etcétera, que son IVAS disfrazados de impuestos con fines altruistas o benéficos para la sociedad, pero que al final del ejercicio pueden definirse como impuestos indirectos que golpearán sin duda el ingreso disponible de la población y de la base social del país”, puntualizó Aurelio Suárez.

Los de arriba deben entrar en el todos ponen

En su observación, Suárez manifestó que lo cierto es que las medidas no se pueden quedar solamente en los colombianos de a pie, en los del mínimo o en quienes ganan un salario medio que, por el costo de vida, los servicios públicos, devaluación y los altos gastos en bienes o servicios básicos, han perdido poder adquisitivo. El tema es que todos tendrán que entrar en el baile porque en un país de gente generalmente pobre, hay que equilibrar las cargas y haciendo que quien más tiene, más contribuya.

Justamente a comienzos del 2021, Aurelio Suárez, revelará en un libro que la operación en pesos del año 2019 de los beneficios tributarios por ingresos no constitutivos de renta, descuentos, exenciones y deducciones, zonas francas, contratos de estabilidad jurídica y eliminación del impuesto de giro de utilidades de las empresas subsidiarias a las casas matrices de las multinacionales en el exterior, sumó 196 billones de pesos entre los años 2002 y 2019, lo que quiere decir que en los últimos veinte años se ha entregado anualmente 20 reformas tributarias de diez billones de pesos sin contar aún los beneficios que la Ley de Crecimiento del año 2019 le entregó sin vacilación alguna al gran capital que se expresa en deducciones del impuesto de industria y comercio, descuentos de IVA en compra de maquinaria importada y otras gabelas que al cierre de 2023 sumarían lejos 23 billones de pesos.

El neoliberalismo será de largo aliento

En medio del fracaso del modelo económico, de las recurrentes equivocaciones en el manejo de la política económica que puso al país, con cargo a una doctrina, en condiciones de elevada vulnerabilidad, el mismo consenso que acabó con la agricultura, que destruyó el empleo y que aumentó la tragedia social, las cosas no van a cambiar así el mundo demande otro tipo de propuesta.

Suárez Montoya dijo que quienes predijeron que el neoliberalismo terminaría con la pandemia se equivocaron ya que por el contrario las políticas neoliberales que tienen que ver con libre mercado, con restricción al gasto fiscal y totalmente opuestas a las mejoras sociales, van a incrementarse sencillamente porque el neoliberalismo no se cambia solo sino que demanda un relevo por la vía política porque al final del día los problemas económicos, paradójicamente, no se resuelven económicamente sino políticamente.

Es muy urgente renegociar los TLC

A criterio de Aurelio Suárez, el eje de cualquier reactivación económica hacia el verdadero desarrollo tiene que ser la industrialización del país y allí, comentó, la agricultura desde luego cuenta, sobre la base de la seguridad alimentaria nacional como también de las materias primas para las industrias de alimentos.

En Colombia, expresó, ni el uno ni el otro, ni la industria, ni la manufactura y menos el agro podrán resucitar o reverdecer mientras sobre ellos estén colgados como una pesada piedra atada al cuello los tratados de libre comercio de Colombia, especialmente los rubricados con Estados Unidos, la Unión Europea y con Mercosur.

“Urge la renegociación de los tratados de libre comercio. Si queremos ver retoñar al agro y si pretendemos entrar por la senda de la industrialización que es el sector económico que verdaderamente puede jalar el desarrollo, tenemos que tomar medidas y mirar alternativas por cuanto no será posible hacerlo mientras los sectores productivos estén bajo la yunta de los TLC, en particular el de Estados Unidos de Norteamérica y el de la Unión Europea.

En el caso del café, explicó Suárez, el análisis debe ser mucho más profundo porque el grano ha tenido una remuneración por encima de los costos de producción, más por la tasa de cambio y de la devaluación que por el mismo valor del producto. En dos años, indicó, la cotización ha estado en niveles de 1,10 dólares la libra, que, llevado a pesos de las bonanzas cafeteras, no alcanza a ser ni siquiera 50 centavos de dólar.

Subrayó que el momento del café tiene que ver con la tasa de cambio, así como sucede con otros productos de exportación, pero manifestó que el bebestible es producto que carece de demanda por estar sobre-producido, con algunas ventajas para Colombia por calidades y diferenciación.

La plantilla que tendría que seguirse para la producción de cereales, oleaginosas y de productos de la dieta básica, así como de otros, tiene que ver con mercado interno, productividad, calidad, inocuidad y buenas prácticas, pero nada de lo anterior será viable mientras estén vigentes los tratados de libre comercio, totalmente inicuos y precariamente negociados puesto que los puertos se llenaron de importaciones provenientes del campo, lamentablemente exógeno.

Por cada siete toneladas de maíz tecnificado producido en Colombia, el país gana cinco hectáreas y 40 jornales. Por cada 2.5 toneladas de trigo Colombia retoma cuatro hectáreas y 50 jornales anuales, por 2.5 toneladas de algodón que vuelvan, llegarán sin problema 50 jornales. El versado en política dirigida y finanzas, reclamó restablecer la economía agropecuaria y la producción nacional en términos de impedir el ingreso de importación de productos que los campos y la agroindustria nacional pueden elaborar con toda eficiencia y total tranquilidad.

“Lo del campo es clarísimo, en la medida en que se vayan recuperando toneladas que se produzcan en Colombia, con seguridad el país irá rescatando empleo y tierra productiva, de resto no es posible avanzar ya que, ni con café, ni con palma de aceite será posible reconquistar lo que puede reportarle al país una renegociación de los TLC, para volver al empleo a la tierra cultivable y de hecho, a la producción nacional”, afirmó Suárez Montoya.

Aguacate Hass, de ese guacamole tan bueno, no dan tanto

El tema del aguacate Hass empezó a llamar poderosamente la atención porque detrás del oro verde hay historias y verdades que tienen en alerta a muchas autoridades en el mundo. No en vano el libro del autor inglés, Andy Robinson,  “Oro, petróleo y aguacates: Las nuevas venas abiertas de América Latina”.

En uno de los capítulos del sugestivo libro de Robinson se habla de los resultados nefastos que han tenido la siembra masiva de esta fruta en el estado de Michoacán en México, inclusive se asegura que algunos dineros del narcotráfico mexicano están invertidos en aguacate. Lo que faltaba, lavar con aguacate, el verdadero billete verde.

El analista dijo que haciendo hincapié en el libro y sus denuncias, fácilmente puede demostrase que el país no puede resolver sus problemas buscando productos sucedáneos de exportación porque los problemas de Colombia se resuelven con el mercado externo fácil de atacar para conciliar después con las ventas internas, antes que pensar en importaciones de bienes exóticos, el país debe pensar en cómo recuperará el mercado local y de qué manera puede inventar una dieta básica, elaborada en Colombia y así garantizar la seguridad alimentaria nacional y propiciar un desarrollo de la agricultura entendiendo esa actividad con los distintos actores o agentes que allí operan, campesinado, empresariado medio e inclusive con la gran empresa rural si es necesario.

Recalcó que el país no puede hacer el esfuerzo de detectar sus recursos, y en cómo colocar productos exóticos en mercados externos mientras entrega los grandes mercados a los productos básicos elaborados afuera.

A la complejidad del 2021, por todo el desafío económico y de la pandemia, hay que sumarle que será un año político por las campañas electorales. Casualmente los años de pre-elección presidencial suelen ser de incertidumbre y de una economía política totalmente matizada por la inseguridad y la fluctuación.

“Me despido con la pregunta inicial, no puedo entender cómo hay centros o tanques de pensamiento económico que hablan de una recuperación en línea recta, hasta cinco% sin ningún obstáculo en 2021, quedo perplejo”, concluyó.

https://diariolaeconomia.com/banca-y-finanzas/item/5885

 

 

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