Buenos Aires, Argentina 1º de diciembre de 2016 El balance 2016 que se va nos deja varias reflexiones que nos pueden ayudar a valorar lo realizado y a considerar ciertas perspectivas que son necesarias de cara al año próximo. Por eso quiero acercarles algunas de las conclusiones centrales de los encuentros que el movimiento realizó en las últimas semanas a nivel internacional. Hace pocos días se llevó adelante la IV Cumbre Cooperativa organizada por Cooperativas de las Américas, que superó las expectativas de quienes impulsamos su realización, en la ciudad de Montevideo, desde el Consejo de Administración de esta oficina regional de la Alianza Cooperativa Internacional. Pudieron ponerse claramente de manifiesto diversos puntos de vista, se conocieron experiencias innovadoras, intercambiamos opiniones y debatimos en los distintos foros y encuentros todos los puntos que hacen a la vida económica e institucional del movimiento cooperativo en nuestro continente. La amplia participación promovida desde las entidades socias a Cooperativas de las Américas, que en el caso de Argentina posibilitó la presencia de más de cien dirigentes en nuestro país vecino, fue vital para que pudieran entrelazarse historias muy diversas con un eje común: el arraigo en las comunidades y la necesidad de profundizar la acción transformadora de las cooperativas en sus territorios. En ese sentido, de la mano de panelistas y conferencistas que volcaron sus conocimientos -teóricos y prácticos- y de las diferentes reuniones e instancias de debate que se fueron desarrollando a lo largo de la Cumbre, fue emergiendo el mensaje plasmado en la declaración final. Allí queda como síntesis y como mandato para los tiempos próximos la firme postura del cooperativismo americano a favor de un sistema económico que priorice al ser humano, motorizado por empresas que sean asociativas -hacia adentro y hacia afuera- y que generen oportunidades para todas las personas.

• Visibilizar el modelo

Para eso, como expusimos al mostrar las experiencias de nuestro país, tenemos que trabajar junto con la ciudadanía, en cada territorio, nutrirnos de la participación activa de nuestros asociados y tejer alianzas tanto con los gobiernos como con otros actores de la sociedad civil que nos ayuden a lograr esa transformación. A comienzos de octubre, en Quebec, participamos de la Cumbre Internacional de Cooperativas que reúne cada dos años a líderes de nuestro movimiento procedentes de distintos países. En esta oportunidad, compartimos junto con tres mil directivos nuestras inquietudes respecto de cómo posicionar al movimiento en las grandes discusiones que definen las políticas de los gobiernos. En Quebec, tuve la oportunidad de intercambiar unas palabras con el premio nobel de Economía Joseph Stiglitz, quien definió claramente que “una economía que no responde a las necesidades de las mayorías, no sirve”. Coincidimos, además, en que la desigualdad es el resultado de cómo está estructurado el mercado, con la lógica del lucro como premisa. Como dice el Papa Francisco, “ya no se aguanta” un sistema que pone en peligro constantemente a la humanidad y a su morada, el planeta Tierra, y estamos convencidos de que el cooperativismo tiene otra propuesta, con resultados que pueden verificarse hoy día, con una rica trayectoria y con un potencial futuro enorme. Lo señalamos también, unos meses antes, en Naciones Unidas. Allí fui –como miembro del Board mundial de la Alianza- el orador principal en una actividad vinculada al Foro de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible y sostuve que sin democracia en la economía, el mundo no es sostenible. Considero que las cooperativas son la mejor expresión de nuestras comunidades, porque están formadas por las personas que en su propio territorio se asocian para resolver sus necesidades.

• Fortalecer el modelo

Nunca debemos alejarnos de ese origen, que es el que nos da la fortaleza de ser empresas al servicio de un desarrollo autónomo, genuino y democrático para todas las personas. Ese es el valor diferencial que tratamos de poner en juego cuando debatimos en el ámbito global o regional acerca de cuál es el rol de nuestras organizaciones en un mundo extremadamente complejo. Un mundo con agendas diversas, que no pueden quedar atadas a los intereses de quienes provocaron recientes debacles financieras y postergaron los sueños de millones de trabajadores y profesionales afectados por aquellas decisiones de unos pocos. En definitiva, el principal desafío para cada cooperativa es lograr el necesario equilibrio entre la proximidad con los asociados de cada territorio y la escala suficiente para insertarse en forma competitiva en cadenas de valor locales y regionales. Para esto, no hay que inventar nada nuevo. Solamente debemos poner en práctica los principios, profundizar los lazos de inter-cooperación y exigirnos a quienes somos representantes en las entidades de grado superior que defendamos este modelo en todo el mundo.

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