El Gerente del Banco de la República explicó que esto se debe complementar con reformas estructurales en varios frentes. l viernes pasado la junta directiva del Banco de la República decidió recortar en medio punto porcentual su tasa de interés de intervención, hasta dejarla en 6,5 por ciento anual. Dentro de los motivos de la determinación estuvo la creciente debilidad de la economía colombiana, cuyo pronóstico de desempeño fue recortado, de acuerdo con el equipo técnico de la entidad. Al respecto, Portafolio habló con el gerente de la institución, Juan José Echavarría, quien sostiene que hay que entender que el vaso está medio lleno y no medio vacío. ¿Cómo interpretar la afirmación del equipo técnico del Emisor en el sentido de que el crecimiento de la economía colombiana tiene como cifra más probable 1,8 por ciento de expansión este año? Creo que es una interpretación adecuada de las señales disponibles, consecuencia de un primer trimestre en el cual ciertos agregados se comportaron por debajo de las expectativas. Me parece sano señalar que este es el resultado de un análisis técnico que no necesariamente le apunta a un número preciso, que en este caso está en un rango que oscila entre 0,8 y 2,6 por ciento, con 1,8 por ciento como la cifra más probable. Además, es la proyección del equipo técnico del Banco y no de los miembros de la junta directiva. Esta estimación se encuentra en el rango bajo de las proyecciones existentes. ¿Cuál es su apreciación al respecto? Mantengo la tranquilidad. La copa está medio vacía para algunos, y para otros, como yo, medio llena. Y no soy el único. Hace un par de días, la junta directiva del Fondo Monetario Internacional se reunió a revisar el desempeño de la economía colombiana. Unánimemente concluyó que el país ha hecho uno de los mejores procesos de ajuste de la región, sobre todo teniendo en cuenta el choque tan grande que sufrió. Es verdad que no vamos a tener un crecimiento alto este año, pero el mundo no se ha acabado. Continuamos en cifras positivas, en rangos que varias veces hemos visto en nuestra historia. No estamos en la recesión de 1999, cuando el PIB cayó más de 4%. Y estoy seguro de que el futuro será mejor cuando termine el proceso de ajuste y adelantemos el conjunto de reformas estructurales que necesita Colombia. Ustedes se reúnen permanentemente con representantes del sector privado. ¿Qué impresión tiene de esas citas? Hemos tenido dos reuniones recientemente. Una en Cúcuta, donde también estuvieron empresarios de Bucaramanga; y otra en Cali, hace una semana larga. También hemos tenido encuentros con banqueros y con los gremios. En la reunión de Cúcuta la gente estaba bastante pesimista, en una zona muy golpeada por la situación de Venezuela. En la de Cali, el reporte fue mucho más positivo, excepto quizá en algunos sub-sectores de consumo, como cosméticos, y en la actividad relacionada con centros comerciales. En contraste, los ramos agroindustriales entregaron un parte positivo. Al terminar la reunión concluí que estamos en una economía que crece un poco más de 2% por año, con problemas particulares en algunos subsectores. La aparente caída del consumo de los hogares es una de las sorpresas que ha traído el 2017. ¿A qué la atribuye? Todavía no lo sabemos bien. Puede ser que la reforma tributaria haya golpeado el ánimo de la gente. Es extraño lo que está pasando, pues mientras que la encuesta que mide la confianza de los consumidores resulta mal, la que se hace entre industriales y comerciantes por parte de Fedesarrollo no muestra deterioro. Sobra decir que la enorme polarización política del país puede hacer daño a la economía colombiana. La votación del viernes en la junta directiva fue cerrada. ¿Cómo interpreta la diferencia de opiniones? Para comenzar, vale la pena recordar que a finales de julio teníamos una inflación del 9 por ciento anual y ahora estamos por debajo del 5 por ciento, que es una muy buena noticia. Algunos miembros de la junta desearían tener un mayor grado de certeza en el sentido de que el próximo año vamos a estar en el 3 por ciento, que es el punto medio del rango meta y que en 2017 nos ubicaremos cerca del 4 por ciento. ¿Por qué las diferencias? Hay quienes consideran que no todas las noticias en materia de inflación son tan buenas, pues el comportamiento agregado de los precios se debió mucho a la dinámica del los alimentos y los bienes transables. También existen discrepancias sobre los pronósticos de crecimiento. Aún después del recorte, la tasa de interés real sigue estando por encima del promedio histórico, o sea que seguimos aún en una política contractiva, ¿Qué quiere decir eso y cuál es la señal hacia adelante? Es cierto. La junta tuvo que subir las tasas de interés fuertemente en el pasado ante grandes choques inflacionarios. Una devaluación cercana al 90% entre el mínimo y el máximo, y una inflación de alimentos que llegó al 16% hace apenas 6 meses. Fue obligatorio aplicar los frenos. VARIAS TASAS DE INTERÉS YA ESTÁN BAJANDO ¿Qué quiere decir con eso? Las expectativas de inflación se desanclaron, como dicen los técnicos, y hay elementos inerciales muy fuertes todavía. Ahora esas expectativas se han moderado y las cosas están volviendo a su cauce. Ello demuestra que la política empleada fue la correcta y la prueba es que la inflación mantiene su tendencia a la baja. Por cuenta de esa situación, cada vez va a haber más espacio para impulsar la economía con menores tasas de interés. ¿Qué pueden esperar los usuarios del crédito después de una reducción como la de la semana pasada? Que esta tasa más baja se transmita al resto de la economía. El Ministro de Hacienda animó a los bancos a reducir los costos del crédito con rapidez. Lo que se ve normalmente es que los bancos sigan la tasa del banco central, poco a poco, a lo largo de varios meses. El Gobierno quiere que esa transmisión sea más rápida, con toda la razón, para que los usuarios de préstamos la sientan. En la junta se revisaron varias de las tasas: la IBR, la DTF, la de vivienda, y muchas ya están bajando; otras no, como pasa con las de tarjetas de crédito. La esperanza es que la reducción en tasas se note más temprano que tarde. Uno de los grandes ajustes que ha experimentado el país es el del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, ¿Eso es resultado de qué? Eso es resultado de que tuvimos un choque petrolero violento. Leonardo Villar, en Fedesarrollo, hizo un cálculo en el que demuestra que solamente dos veces en la historia de Colombia –primero en la Guerra de los Mil Días y luego en la recesión internacional de los años 30 del siglo pasado– se había visto un choque externo como el actual, cuando se descolgaron nuestros ingresos externos. Además, como se dijo antes, el choque de términos de intercambio fue mucho más fuerte en Colombia que en Brasil, México, Perú o Chile. Dicha realidad deterioró la cuenta corriente porque los ingresos del petróleo cayeron violentamente. Y nuevamente cabe resaltar que el ajuste ha sido muy satisfactorio porque pasamos de un déficit de 6,5 por ciento del tamaño del Producto Interno Bruto a 3,5 por ciento. Y este nivel ya es manejable, aunque no hemos terminado el ajuste. Los economistas normalmente hablan de que cerca de 3 por ciento del PIB estaremos en el rango en el que se puede estar relativamente tranquilos. ¿Qué le sorprendió? Que las exportaciones no han reaccionado como se llegó a pensar. En parte por nuestros vecinos, pero ese es un tema de discusión muy amplio. También se ha visto un cambio en la composición de nuestro comercio exterior. ¿Qué lo desvela como Gerente del Banco de la República? Como Gerente del Banco de la República me desvela la inflación, porque tenemos que volver al 3 por ciento anual. Eso es lo mejor para el país en términos de crecimiento futuro. A medida que nos acerquemos a esa cifra, y ya lo estamos haciendo, podremos impulsar de manera más decidida la economía. Como se dice en lenguaje técnico, además de tener una inflación baja de largo plazo, también podremos moderar el ciclo. ¿Por qué? Lo mejor para el crecimiento del largo plazo del país es una inflación baja y estable, como la que señalo. Pero también es importante evitar crisis financieras. Yo creo que lo que mostró el mundo durante la crisis internacional de finales de la década pasada es que hay que tener el radar funcionando para detectar problemas eventuales en el segundo frente. Eso quiere decir que el Banco necesita estar colaborando en el seguimiento de diferentes indicadores, junto con la Superintendencia Financiera y el Ministerio de Hacienda. El mensaje en este caso es que no hay elementos que lleven a activar las alarmas sobre la estabilidad del sector financiero. Estamos tranquilos y el sistema es sólido. Eso es muy importante. Es difícil para la gente mantener el optimismo en un escenario de desaceleración como el actual. ¿Qué opina? Reitero que son tiempos difíciles, y ello no debe negarse, pero el país muchas veces ha crecido a tasas del 2 por ciento anual, que en esta oportunidad nos ubican de la mitad para arriba en América Latina, a pesar de un golpe descomunal. En tal sentido, hay que mantener la tranquilidad, lo cual no es lo mismo que cruzarse de brazos. Es que no basta con que el Banco baje las tasas. Debemos volver a pensar en reformas estructurales para crecer a una velocidad mayor. La lista de tareas es larga. ¿Cómo cuáles? El tema pensional sigue en la mesa y eso tiene que ver con el ahorro de los colombianos; también hay que examinar cuáles son las reformas que nos van a llevar a aumentar la productividad, que es fundamental para que podamos crecer con mayor rapidez. En la visita que hizo a Colombia el FMI habló de algunas fuentes para crecer y señaló que así como estamos podemos llegar a un crecimiento de mediano plazo cercano al 3,3 por ciento anual. No obstante, si queremos expansiones sostenidas por encima del 4 por ciento anual, son necesarios cambios estructurales. Hay oportunidades muy atractivas, claro. El Fondo menciona el dividendo de la paz como el más importante, con un impacto relevante en el campo, y en sectores como el turismo y la inversión extranjera. En el mediano plazo podremos destinar a la educación y la salud recursos que hoy se utilizan en la guerra. También menciona el programa de desarrollo de la infraestructura con las concesiones de cuarta generación. Y reformas en el frente comercial para generar mayor apertura de una de las economías más cerradas del continente. En fin, hay una agenda muy importante que sigue pendiente para volver a crecer a tasas satisfactorias. De manera que no podemos quedarnos quietos esperando solo que el Banrepública impulse la economía. Fuente: portafolio.co

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