Al SIAR le faltó el tratamiento de un riesgo, el medioambiental

Al SIAR le faltó el tratamiento de un riesgo, el medioambiental

Cuando se estudia la necesidad de brindar un tratamiento sistemático a la gestión de riesgos desde una perspectiva organizacional debemos remontarnos a lo que los entes de supervisión pretenden al recomendar este tipo de instrumento administrativo. Se busca básicamente adoptar un conjunto de maneras para identificar, medir, analizar, monitorear y controlar los riesgos a nivel global y por área a los que se encuentran expuestas las entidades, para lo cual deben implementar un conjunto de etapas y elementos tales como políticas, procedimientos, documentación, estructura organizacional, órganos de control, plataforma tecnológica, divulgación de información, capacitación entre otros insumos para su implementación.

Todos los caminos conducen a Roma y lo expreso porque cuando se observan las motivaciones para el tratamiento de los diferentes riesgos (Sistema Integral de Administración de Riesgos – SIAR) dentro de los que se incluyen el de LAFT, de liquidez, de crédito, operativo y de mercado, todos ellos giran en torno a la necesidad de disminuir hasta donde sea admisible las posibilidades de que se materialice cualquiera de ellos y con ello se afecten las personas, las empresas, la comunidad y todo ello traducido en menor rentabilidad.

Pues bien, tal vez porque los seres humanos por nuestra naturaleza le dimos mucho más trascendencia a hechos tangibles, a vainas que podamos ver y medir es que hayamos decidido cuantificar los hechos cotidianos y transacciones traducidos en los estados financieros priorizando su esencia económica por sobre la legal. El problemita es que dentro del componente económico coexiste el subsistema medioambiental, pero he llegado a la conclusión de tanto revisar la materia, que ese componente “no es conveniente” reconocerlo y mucho menos medirlo por parte de gran variedad de organizaciones, porque al revelar los efectos del impacto de muchas actividades económicas en la comunidad que afecta con sus emisiones o residuos, haría inviable el desarrollo del objeto social de muchas de las actuales empresas.  Ejemplos, los que se quiera:

  1. A cuánto ascendería la deuda no reconocida por el impacto de las minas del Cerrejón en la Guajira, explotación que acumula más de 30 años?
  2. De qué magnitud sería el pasivo que debería reconocer Ecopetrol por los derrames que han contaminado comunidades enteras, ríos y lagos durante su existencia jurídica?
  1. Cuánto deberían reconocer como provisión los ingenios azucareros al sustraer cantidades descomunales de agua para hacer viable su negocio?

 

Y así como estos, la industria del cemento, del calzado, de los plásticos, en fin. Pero a pesar de toda esta obviedad, surge un hecho INCREIBLE porque todos estos efectos que se deberían traducir en el reconocimiento de pasivos para solventar en parte el daño al medio ambiente, pues sucede que NO EXISTE norma para ello y por lo tanto la gestión de riesgos tampoco aparta un capítulo para su tratamiento.

En el campo de las NIIF para nada se contemplan éste tipo de hechos, excepto cuando se trata de reconocer provisiones o revelar pasivos contingentes originados en demandas colectivas precisamente interpuestas por las comunidades afectadas, pero la esencia económica indica que ante daños como los descritos es apenas obvio que debe existir una compensación que no debería reconocerse producto de una demanda, surge por sí sola por la afectación del entorno organizacional, apreciación que por supuesto apenas sí se discute de manera muy tímida en los mentideros de las conferencias o simposios contables.

Lo tenas del relato es que el tema es de tiempo, entre más días, semanas y meses pasen y sigamos “haciendo los locos”, no regulemos rápido, pero no con paliativos sino con normas de fondo para cortar la tendencia de degradación y restablecer la aldea, ya no podremos pensar en nuestra generación de bisnietos porque nuestros nietos ya no tendrán tierra dónde albergarlos y porque a duras penas lograrán subsistir en un mundo con niveles de contaminación insoportables.

Por estos motivos surgió el titular de la presente publicación, porque le dimos más importancia al impacto de los riesgos que supuestamente afectan “las finanzas corporativas” pero nos olvidamos del riesgo que implica que una goterita en el techo no sea intervenida con tiempo y logre su cometido, se nos inunde el rancho que es peor.

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