El intraemprendimiento para impulsar nuestras cooperativas

El intraemprendimiento para impulsar nuestras cooperativas
Ángel Matas Martín
Instructor de soluciones creativas
CEO at Founder Creativenomics.
amatas@crnomics.com
www.creativenomics.com

En los sistemas de gestión de nuestras cooperativas han de estar presentes tres elementos esenciales para afrontar los retos que nos ofrece un escenario de cambio y oportunidad como el actual:

En primer lugar, el liderazgo de la cooperativa ha de asumir con claridad el modelo creativo. Un liderazgo que a su vez debe caracterizarse por su descentralización que, entre otros aspectos, se ha de definir por reforzar la toma de decisiones y delegar parte importante de la estrategia de dirección en todos los niveles de la cooperativa.

En segundo lugar, la cooperativa ha de implementar la medición, el control y la consecución de metas a través de modelos ágiles como el modelo Objectives and Key Results (Objetivos y Resultados Clave) que persigue hacer presente de manera continuada la creatividad y el compromiso de toda la organización a la hora de establecer estrategias puntuales y cruciales de la cooperativa que le permitan dar respuesta al cambio con inmediatez pero con una visión centrada permanentemente en el crecimiento a largo plazo.

En tercer lugar, la experimentación continua ha de ser parte esencial de la estrategia de crecimiento de la cooperativa incluyendo en ella no solo a los asociados, también a sus colaboradores externos y empresas proveedoras con el objetivo de generar un escenario inteligente de retroalimentación competitiva para ofrecer una respuesta dinámica, ágil y resolutiva frente a la detección y respuesta a las oportunidades que genera precisamente dicho espacio inteligente.

Y el mejor modo de activar e integrar de manera efectiva estos tres elementos en las cooperativas es articular un sistema de gestión creativa basado en el intraemprendimiento en donde los asociados y asociadas y la citada red cuenten con amplios márgenes de libertad a la hora de poner en marcha iniciativas dentro de la propia organización y su ecosistema colaborador.

Cuando escuchas la palabra “intraemprendimiento” directamente sientes la tentación de exclamar: “¡Otra moda!”. En un mundo en donde la información se genera a tal velocidad que apenas tienes tiempo de validar qué es “fake news” y qué tiene realmente valor, existe el riesgo de que se cuelen tendencias pasajeras e insustanciales que solo se caracterizan por la sonoridad llamativa del término gramatical empleado.

El intraemprendimiento viene para quedarse

La lógica evolutiva de los mercados en un entorno globalizado y conectado, inmerso de lleno en una tercera revolución de internet – el internet de todas las cosas – en donde las fronteras de la seguridad de nuestras ofertas, procesos, clientes, alianzas, capacitaciones, etc. cada vez estarán más difusas y sometidas a ataques continuos, exige que se produzca una transformación de nuestras organizaciones en organismos vivos cuyos miembros con todo su potencial creativo asumen en todo momento el rol de impulsar a la organización más allá de la realización de su función productiva esperada.

No olvidemos que el mismo año en que se puso en marcha esa tercera revolución de internet según los expertos – 2016 – el Foro Económico Mundial de Davos divisó el horizonte de lo que se nos venía encima y encumbró en el top ten de habilidades directivas “la resolución compleja de problemas”, “el pensamiento crítico” y “la creatividad”, habilidades que exigen de las personas una significativa capacitación más allá de la formación técnica y repetitiva.

Tony Hsieh, director general de la tienda virtual Zappos expuso a Brian Roberston, creador de Holacracia, un dato significativo: “las investigaciones demuestran que cada vez que una ciudad dobla su tamaño, la innovación o productividad por habitante aumenta en un 15 por ciento. Pero cuando las empresas se hacen grandes, la innovación o productividad por empleado generalmente desciende”.

La razón es sencilla: las ciudades se sienten vivas. ¿Es posible configurar nuestras cooperativas como modelos de ciudades vivas que se expanden y no como organizaciones ancladas en paradigmas que simplemente traducen lo que se espera de ellas? ¿Es posible desarrollar colectivos ligados en una identidad de perspectivas no solo productivas, también sociales, lúdicas, dinámicas, creativas, como elementos esenciales de la figura de un intraemprendimiento real y expansivo?

Esta combinación se vuelve explosiva en términos de generar respuestas únicas con incidencia directa en los resultados económicos; y el intraemprendimiento como capacidad de generar valor desde el compromiso efectivo con su crecimiento de toda la cooperativa, asumiendo nuevos retos, siendo cada vez más y más creativos, es el recurso para canalizar esta energía.

Cuando los asociados y asociadas tienen la sensación de que asumen un papel central en su entorno de trabajo y lo expresan creativamente, sintiéndose protagonistas del reto de liderar el futuro – algo que lógicamente exige generar previamente y articular una cultura del cambio, así como una coherencia en su implementación premiando las ideas y valorando el riesgo – las cooperativas comienzan a latir a un ritmo productivo más saludable.

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