Especialización del trabajo Vs talentos, dos conceptos que se alejan

Especialización del trabajo Vs talentos, dos conceptos que se alejan

La acelerada normativa un mal para evitar la realidad

Supersolidaria, NIIF, SARLAFT, SIAR, SARC, SARO y SARM y otros embelecos, como las circulares externas que se encuentren en el horno. La realidad es: ante tanta normatividad las cooperativas se ven abocadas a onerosos gastos e inversiones, muchas caprichosas, que disminuyen los beneficios para los asociados sus dueños y estos al verse afectados por tantas restricciones terminan dejando la cooperativa.

El talento humano formado para manejar semejantes niveles de estrés y responder a tanta vaina nueva es escaso, costoso y la tendencia es que, de continuar a este ritmo y con ello, mayor presión de la competencia, de los asociados y de los órganos de supervisión, continuará el canibalismo laboral

Carlos Rodríguez Molina

 @hotmail.com

Recuerdo la teoría de William Ouchi que a principios de la década de los ochenta planteaba la especialización del trabajo como una dinámica que marcaría el rumbo de las organizaciones después de la segunda mitad del siglo pasado y que diferenciaba en gran medida las condiciones del trabajador japonés respecto del trabajador norteamericano.

Pues bien, considero que esa teoría de hace cuarenta años llegó para quedarse, y prueba de ello es la cantidad de “especializaciones” que desde los escenarios educativo y empresarial se han suscitado con múltiples disciplinas e innumerables frentes de trabajo a todos los niveles así lo demuestran.

Para el caso de nuestras organizaciones, desde cuando se expidió la Ley marco cooperativa en el año 1988 y tal vez hasta cuando se empezaron a aplicar normas de orden prudencial para la actividad financiera, el movimiento cooperativo en particular no había sufrido cambios que hicieran sentir la necesidad de formar técnicamente a nuestros directivos, empleados y asociados en temas que no fueran del estricto resorte del modelo asociativo mutualista.

Pero, con el paso del tiempo entraron al juego la Supersolidaria, luego los nuevos marcos técnicos normativos, las normas sobre administración de riesgos y el avasallante andar de las nuevas tecnologías acompañadas de múltiples modelos para administrarlas y controlarlas, fenómenos impulsados por agentes externos como la pandemia hasta nuestros días.

A ese ritmo nuestro sector se fue especializando a la fuerza, tanto que aún como que continuamos atónitos, no reaccionamos ante la rapidez de tantos cambios, tan súbitos, constantes y profundos. Para la muestra un botón, los criptoactivos que aún no tienen norma que los respalde en Colombia, hoy día según fuentes del sector financiero, tranzamos más de $70 mil millones diarios, cójame ese trompo en una uña, concreta demostración de la velocidad a la que nos movemos.

Tal vez el mayor impacto de estos cambios lo han recibido los administradores y el personal que tiene a cargo la gestión financiera de las organizaciones, porque después de las normas prudenciales (Basilea) que empezaron a aplicarse desde el año 1997 en nuestro sector, no se habían presentado mayores cambios que hicieran ver la necesidad de revisar el core de nuestros negocios.

Complementariamente,  hace doce años llegaron los nuevos marcos técnicos normativos y con ello, una manera diferente de preparar y presentar la información dispuesta para los grupos de interés, luego de ello, hace siete año se empezó a desplegar de a poquitos norma sobre la administración de riesgos, empezamos con SARLAFT, luego con SIAR y en un solo año la vaina se vino toda como por entre un tubo con SARC, SARO y SARM, sin que se calmen las aguas porque en breve se emitirán normas para los riesgos que se ciernen sobre los sistemas de información conforme a proyecto de circular externa que se encuentre en el horno.

Todo ello mezclado con el ingreso de Colombia a la OCDE, con seguridad hará que continuemos en este ritmo frenético para tratar de recuperar el terreno que por décadas los países agremiados a ese club de las buenas prácticas nos pueden acumular en ventaja, desarrollo y calidad de vida.

Pero es que no es solo la secuencia tan vertiginosa de estos asuntos, todos ellos de orden técnico y especializado, a todo ello se suma el apretado ritmo que traía la revolución tecnológica y con ella, la transformación digital, llegaron Alexa, el asistente de google, en breve 5G y en un año quien sabe qué otro vicho tecnológico habremos creado que “mandará en la casa” además de nuestras esposas.

Todo este trazado de recordaciones para indicar que aunado a este ritmo vertiginoso se viene presentando un fenómeno contrario a estos ritmos de crecimiento y está relacionado con el personal calificado, con los talentos formados para hacer frente a estas nuevas condiciones.

El talento humano formado para manejar semejantes niveles de estrés y responder a tanta vaina nueva es escaso, costoso y la tendencia es que, de continuar a este ritmo y con ello, mayor presión de la competencia, de los asociados y de los órganos de supervisión, continuará el canibalismo laboral.

Porque entre nosotros ya empezamos a tentar a empleados calificados y talentosos de nuestros aliados estratégicos con tal de suplir nuestras propias necesidades y así seguirá el ritmo hasta amenazar el recurso más importante de nuestras organizaciones, el humano a todos los niveles.

No solo empleados, encontrar directivos formados en todas estas nuevas exigencias se convertirá con el paso del tiempo en un placer que no muchas organizaciones tendrán el gusto de darse, para soportar todo lo que el proceso de toma de decisiones implica para administrar eficientemente la platica de nuestros asociados.

Título original.

Especialización del trabajo Vs talentos, dos conceptos que se alejan con el paso del tiempo

 

 

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