ECOSOLIDARIO

Ética y dinero: bien y mal

Repugnantes e indignantes para los colombianos de bien, fueron las imágenes que circularon por la televisión y los celulares, mostrando a un exfiscal de la JEP cuando escondía un fajo de billetes en el bolsillo del saco que resultaron ser dólares.

Enorme fue la frustración de quienes observaron aquellas fotografías, se advertía que quienes trabajaban en la JEP era una institución clave para que Colombia superara más de cincuenta años de conflicto bélico, especialmente los pobres y los campesinos que fueron las víctimas de la guerra incruenta, donde los delincuentes amasaron inmensas fortunas, gracias al comercio del narcotráfico apoyado por los jefes de la guerrilla.

Esta sorpresa fue un eslabón más de la cadena de corrupción que se apoderó de todas las estructuras del país, no solo en el sector público sino también en el sector privado. Desafortunadamente para el país, en los años anteriores imperó la formación de carteles, que por ese sendero cruel y desafortunado, permitió que se conformaran el cartel de la toga, quedó inmersa la Fiscalía General cuando el fiscal anticorrupción resultó corrupto.

El ejército y la policía aparecieron apoyando aquellos carteles y comiendo de ese nefasto negocio, cuando se revelaron las ejecuciones extrajudiciales, y por supuesto allí se alineo el Congreso originando numerosas sentencias por el fenómeno de la parapolítica.

Se adueñaron del país, los batallones o mal denominados carteles, cuyos jefes e integrantes no solo manejaban el poder para imponer sus creencias, sus órdenes, el modo de vivir, dando lugar a que se conformara un modelo de vida mafioso, donde la cultura del dinero y las armas, a través de ejércitos y escoltas, constituían el diario vivir.

Fue así como la sociedad del país,

perdió la línea entre el bien y el mal para conformar una subcultura, llegándose a pensar que determinadas conductas no eran en realidad tan malas, convirtiendo la ética en algo puramente subjetivo, pues se dio vía libre al sendero de la corrupción como una suerte inherente al ser humano, tanto que la cultura pasó a ser retroalimentada por el individualismo, el relativismo y el consumismo en todos los estadios de la vida y del negocio de los estupefacientes, bien para consumo interno bien para exportarlos. ¡Se nos bautizó como el país de la coca!

De la noche a la mañana hace muchos años, la sociedad colombiana empezó a adquirir vehículos de alta gama o de cierto valor según el poder de compra, en igual forma apartamentos de lujo muy bien amoblados, personas que nunca salían del país empezaron a viajar a diversos lugares del universo en especial Estados Unidos y Europa.

El poder supremo del dinero cambio las costumbres

Originando muchas muertes de colombianos ilustres, a través de la violencia imperante. No podía ser de otra manera, algunos incluso disfrutaban del poder y otros del placer, pues con el dinero se consigue todo lo que se aspire o se desee, pues ante semejante ciclón los valores humanos de una sociedad dejan de existir.

Colombia tuvo en esta temática cuatro generaciones

Primera estuvo conformada por los carteles de Medellín y Cali, que hicieron del tráfico una industria para el mundo;

Segunda estuvo conformada por grupos que dirigían y regulaban la producción de la droga, destacándose las Autodefensas Unidas de Colombia y el cartel del Norte del Valle,  que terminaron enfrentándose por el control de las rutas y las propiedades del narcotráfico, donde hubo muchos muertos, capturados y extraditados;

Tercera generación se atribuyó a las Bacrim y

Cuarta con la fragmentación de las AUC y las FARC, que dieron lugar a la conformación de dos grandes rivales, conocidos como Los Rastrojos y los Urabeños, que terminaron enfrentándose para manejar el ilícito negocio.

Actualidad

Según los expertos existe una organización que se denominan los invisibles, pues sus componentes están camuflados con el sistema financiero para no ser detectados, bajo la fachada de empresario exitoso, evitando la ostentación y la violencia extrema para no ser descubiertos y señalados.

También existe una organización, cuyos jefes buscan ser conocidos a través de los medios por los informes judiciales y de la policía de investigación, a los cuales se unen o les colaboran sicarios y pandillas a sueldo, pero especialmente por delincuentes que protegen los cargamentos o caletas y cometen asesinatos. 

¿Renacer ético?

Después de tantos años de convivencia con este flagelo, pareciera que estamos necesitando el renacimiento de la ética especialmente en la educación y formación del ser colombiano en todos los aspectos de su vida.

Resulta relevante en la situación que atraviesa el país por todos los escándalos de corrupción que se conocen diariamente.

Aunque aflora la manifestación que la responsabilidad de los actos es individual y no institucional, en este momento histórico no es posible aceptarlo de buenas a primeras, si los máximos jueces no actúan correctamente, porque aceptan o piden sobornos, ha llegado el momento de que el pueblo colombiano reconstruya los valores éticos en todas las actuaciones, tanto públicas como privadas, empezando por la educación pública en todos los niveles. 

¿Hay formación en los hogares?

Naturalmente es trascendental para restablecer la ética, la formación en los hogares, desde ya en los colegios, universidades y en la academia, además del ejemplo, es necesario discutir entre profesores y alumnos, la manera de encontrar la solución ante la indeterminación de lo ético en la función social de nuestra sociedad.

Estamos ante una crisis bio-ética,  la vida amenazada y la moral desfondada frente al dinero y la corrupción imperante, para determinar lo que podría ser bueno y correcto en el actuar, para que en la actividad pública y privada podamos exhibir ante el mundo que ser colombiano significa ser probo, honesto, solidario y comprometido con la sociedad y con la formación ética.

Ante acontecimientos similares del pasado de la humanidad, «los físicos hemos conocido el pecado» afimó Oppenheimer a propósito de lo acontecido en Hiroshima.

No es entonces posible olvidar, que la ética discute y juzga las normas morales y jurídicas, siendo las primeras las que regulan lo que la sociedad aprueba o desaprueba y las segundas las que regulan las prohibiciones, castigando el incumplimiento de las mismas.

 

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