Iliquidez excluye vacunas del aseguramiento. Prioridades para Covid 19

Iliquidez excluye vacunas del aseguramiento.  Prioridades para Covid 19

“Varias vacunas disponibles en Colombia por fuera de los beneficios del aseguramiento en salud, a pesar de que no exista ninguna justificación para su exclusión, solo por el hecho que el gobierno nacional, responsable de la compra centralizada de las vacunas, no asigna el presupuesto suficiente para ello, por consiguiente, no las suministra. Recalcan analistas que es una exclusión de hecho contraria al espíritu de la Ley 1751”.

En un artículo del Diario la Economía escrito por  Germán Enrique Nuñez, nos trae esta reveladora noticia de la realidad sobre la vacunación en Colombia.

Desde nuestro punto de vista, este es un documento válido para el análisis del sistema de salud en Colombia entreverado en la corrupción política, que arrasa a cada momento, con los presupuestos de la salud por alguna parte de aquellos que la administran antes y después de la Ley 100 y sus laberintos. Aquí está este excelente trabajo periodístico. wiltonrizzo@hotmail.com

En inmunización no se puede parar, el mundo no solo muere de Covid-19 y por eso se encienden las alertas ya que un descuido en los sistemas de salud le abre la puerta a nuevas calamidades.

Las enfermedades y las infecciones han perseguido al hombre que pagó y sigue pagando con millones de vidas las demoras en investigación, la irresponsabilidad de los seres humanos que abren puertas lúgubres y tenebrosas destruyendo entornos y acribillando fauna y flora, poniendo la gran alfombra roja de las epidemias. El globo avanzó y la ciencia pudo doblegar enfermedades lamentables que enlutaron hogares gracias a la vacunación y a una investigación juiciosa y moral que metió en cintura grandes dolencias.

En los sistemas de salud, las eficientes vacunas fueron las grandes protagonistas, pero con la moda del Covid-19, vino un peligroso bajón de brazos que al menor descuido podrá llevarse a muchas personas de todas las edades a pagar el peaje tenebroso de Caronte el barquero, advirtiendo que las enfermedades del ayer que fueron superadas, están de vuelta y que otras siguen agazapadas prosperando, aprovechando, claro está, el cambio climático, la devastación de ecosistemas, la dificultad del trópico y la resistencia bacteriana. Casi nada.

Los expertos en salud han indicado que en Colombia la Ley Estatutaria es un consenso de las tres ramas del poder público que reconoce el derecho fundamental a la salud y, en consecuencia, al acceso a todas las tecnologías en salud disponibles en el país, con excepción de aquellas que sean expresamente excluidas, conforme a los criterios definidos en dicha Ley.

Según una comunicación, varias vacunas disponibles en Colombia están en la práctica por fuera de los beneficios del aseguramiento en salud, a pesar de que no se haya surtido procedimiento formal alguno, ni exista ninguna justificación para su exclusión, solo por el hecho que el gobierno nacional, responsable de la compra centralizada de las vacunas, no asigna el presupuesto suficiente para ello y, por consiguiente, no las suministra. Recalcan los analistas que es, sin lugar a dudas, una exclusión de hecho, contraria al espíritu de la Ley 1751.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el consultor y ex viceministro de salud Eduardo Alvarado, indicó que la situación de Colombia no es fácil por todos los efectos de la pandemia, pero aseguró que el país se metió de lleno en Covid-19, dejando de lado otras enfermedades y unas vacunas supremamente esenciales para la salud y la vida.

Reconoció que la pandemia ha impactado la sociedad de manera impía pues no hay familia en donde no haya un pariente o conocido con la enfermedad o reportado como víctima fatal de la misma. Otro efecto lo ha sentido la economía que sigue viendo el cierre de empresas, una banca rota en boga, desempleo y unos daños en la demanda agregada que dan para pensar que el devenir será complejo.

Lo anterior, explicó el reconocido consultor, ha hecho que la gente opte por concentrarse en el Covid-19 y en la vacuna que conjure un problema médico de grandes proporciones, haciendo olvidar de manera preocupante, la importancia en general de toda la vacunación y del total de las enfermedades inmuniprevenibles.

Comentó que Colombia cuenta con un programa ampliado de inmunizaciones que durante un tiempo ha resultado motivo de orgullo por su desempeño, empero en los últimos tiempos, dijo, se ha venido rezagando por falta de asignación de recursos financieros.

“Recientemente hubo una discusión entre sectores de gobierno y oposición en relación con la última ley que salió sobre vacunas gratis y las llamadas inoculaciones por impuestos, haciendo estricta referencia al Covid-19.

En realidad la discusión se planteaba sobre si las vacunas eran realmente gratis en Colombia, algunos afirmaron que en efecto era un hecho, pero eso no es del todo cierto porque las vacunas son totalmente gratis si están incluidas en el Programa Ampliado de Inmunizaciones, PAI, pues si no están en ese listado, sencillamente la gente las tiene que comprar de su propio bolsillo y por eso hay muchos padres de familia pagando particularmente para que les pongan las mejores vacunas que no están en el PAI”, precisó el señor Alvarado.

Supuso que por tal razón se hace necesaria una reflexión para modernizar todo el PAI porque preocupantemente ocurren casos de meningitis, de influenza no protegida por vacunas que tengan todas las cepas y de otras enfermedades complicadas como el dengue de alta morbilidad, un contexto difícil que invita a mirar integralmente el tema de la vacunación porque el país no se reduce única y exclusivamente a Covid-19 pues hay otros escenarios patológicos que igual atacan, postran y matan.

Sostuvo que la coyuntura hace que con urgencia se mire ampliamente el sistema para modernizar, actualizar y financiar adecuadamente el Programa Ampliado de Inmunizaciones.

“El desarrollo científico y tecnológico en vacunas ha llevado a la aparición de nuevos antígenos o nuevas vacunas más seguras como las acelulares, más eficientes como las combinadas, más completas es decir con un espectro de más serotipos o cepas cubiertas que se han venido incorporando al PAI, no sólo en los países desarrollados sino también en países de la región como Chile, México, Argentina, Costa Rica, Panamá, entre otros, frente a los cuales Colombia se ha venido rezagando, por falta de presupuesto”, apuntó el ex viceministro de salud.

Estimó importante detenerse en el más coherente análisis y considerar unas enfermedades que tienen ciclos estacionales, proclives a viajar por todo el mundo como es el caso de la influenza, de todas maneras expuso que hay otras enfermedades características de las zonas tropicales que deben ser combatidas con vacunas lo cual demanda una generosa mirada al programa.

El respetado analista consideró aberrante que actualmente, en pleno siglo XXI haya unas vacunas que no estén en el PAI, lo cual es una flagrante violación a la ley estatutaria de salud que establece, como se dijo, el derecho fundamental a la salud de todos los colombianos. Subrayó que es increíble que en Colombia algunas vacunas estén excluidas sin cumplir con los criterios constitucionales y sin que se haya surtido el procedimiento, simplemente porque las vacunas no se compran por parte del Gobierno Nacional, habida cuenta que los inmunizantes en el país se adquieren de manera centralizada con recursos del presupuesto general de la nación. El tema afirmó, hay que corregirlo con toda prisa.

Recalcó, que si bien el PAI es orgullo y patrimonio del sector salud en Colombia por sus logros en Poliomielitis, Sarampión, Rubeola como también en Rubeola congénita, igual es motivo de regocijo por el control de las demás enfermedades.

En opinión del experto en vacunación, no se puede afirmar que Colombia tiene un PAI óptimo, ni mucho menos el mejor de la región. Esa falsa creencia, apuntó, sólo conduce a negarle al PAI, los recursos que requiere para su modernización.

En la actualidad no están en el PAI las vacunas contra la Covid-19, pero igual están por fuera las que atacan la Meningitis. No hacen parte del programa algunas vacunas polivalentes para meningitis, es decir las que inmunizan contra más de una cepa. Añadió que la vacuna para influenza cuadrivalente o aquella que tiene todas los tipologías circulantes de la influenza estacional brillan por su ausencia.

Vacunas como la del neumococo, conjugadas con trece serotipos o llamadas trecevalente, no está en el programa como tampoco las acelulares o combinadas, conocidas como seis en uno o hexavalentes que protegen contra varias patologías, igual no conforman el cuadro del PAI.

“Hay varias vacunas que por ser más modernas, más costosas y con mayor complejidad, el gobierno todavía no las ha incluido, generando de todas maneras un problema para las personas que quieren hacerse a ellas”, expuso Alvarado.

El conocedor afirmó que la inclusión, en el PAI, y en el Plan de Beneficios en Salud, PBS, de todas las tecnologías en vacunación disponibles en Colombia, supone un esfuerzo presupuestal muy bajo en el conjunto del gasto en salud, pero manifestó que sí representa un incremento significativo del presupuesto de vacunación, quizás duplicar lo que en promedio en los últimos dos años ha oscilado, dependiendo de la tasa de cambio, entre 100 y 117 millones de dólares.

Sobre desarrollos y antígenos, Alvarado evocó que cuando incursionó la Ley 100 o de Seguridad Social y en los albores del PAI, en Colombia solamente se vacunaba para tuberculosis con la BCG o el llamado bacilo de Calmette-Guérin, se facilitaba una muy esencial con triple acción porque evitaba tosferina, difteria y tétanos como también se vacunaba para el sarampión y polio. El anterior era básicamente el esquema del momento.

En casos de Rubéola, hay que decirlo, no hay otra opción que la vacuna triple viral, que previene sarampión, rubeola y papera, o la vacuna bivalente sarampión-rubéola, una dosis en bebés de doce meses con refuerzo a los cinco años.

Después de sus inicios, el PAI ha venido creciendo significativamente, pues incluye vacunas como la hepatitis B, hemoglide influenza, neumococo, rotavirus, papiloma humano, varicela, fiebre amarilla y diversas inmunizaciones que han sido incorporadas hasta sumar 21 en total que protegen de 26 enfermedades.

A criterio del experto, Colombia no puede conformarse con eso, el PAI en un tiempo fue muy fuerte a nivel mundial, pero hoy no lo es tanto porque países como Chile, México, Costa Rica, Panamá y Argentina tienen mayores vacunaciones per cápita que las de Colombia. Además, esos países cuentan con programas de inmunización con vacunas más modernas y mucho más completas pues no en vano esos estados suman a su plan, la vacuna hexavalente que protege contra seis enfermedades, es decir que han bajado con ella las tasas en difteria, pertussis, tétanos, polio, Hib y hepatitis B.

“Colombia ha alcanzado un nivel importante de gasto en salud como porcentaje del Plan de Beneficios en Salud, PBS, en un contexto comparado en la OCDE o entre los países de la región, en vacunas, en cambio, el gasto per cápita promedio en 10 años, 2009-2018, es el más bajo entre los principales países de América latina. Apenas alcanza a 1.32 dólares per cápita año, por debajo de México, Argentina, Chile, Perú, Costa Rica, Brasil y Ecuador, entre otros”, señaló Alvarado.

La situación es bien compleja porque como es apenas visible hay países que vacunan contra la meningitis, que tienen la vacuna de neumococo 13 y que piensan en los niños en las etapas más vulnerables, todo dejando ver que en Colombia hace parte una pequeña cantidad para planes de vacunación haciendo el parangón con el gasto general del país, lo cual es marginal y una fracción para pensar porque el gasto en vacunación no llega al uno por ciento, aclarando que el PAI representa la mayor parte del presupuesto de inversión del Ministerio de Salud.

Invertir en salud, igual puede verse como punto a favor de la economía porque la prevención resulta trascendental a la hora de hacer sumas y restas, cuando los males pueden evitarse los gastos bajan considerablemente y para algunos casos pueden estar cerca de cero. Una inversión de 117 millones de dólares aproximadamente redunda en beneficio, pero el docto en temas clínicos asegura que dadas las condiciones el país debe suponer 100 millones de dólares para cumplir la norma tributaria.

Dijo que aunque a algunos les parezca exagerado duplicar el presupuesto de vacunación, realmente es factible en el contexto de la recomposición del gasto al interior del sistema de salud sin incluir obviamente que el gobierno, por las urgencias, viene haciendo un esfuerzo grande con el Covid-19. Muy seguramente con los dineros que se lleva la corrupción habría y sobraría dinero para apalancar los programas de inmunización.

Las vacunas Covid-19 son un interrogante

De alguna manera puede decirse que el mundo se concentró en Covid-19, pero las cosas se están haciendo mal, el hecho es que no hay una cura contundente que frene la enfermedad y tan solo se anuncian vacunas que adolecen de credibilidad y confianza a juzgar por lo que comenta el público.

El tema para el experto en vacunación es bastante complejo porque de hecho en condiciones normales frente a las vacunas, ha habido discusiones y movimientos que atacan la inoculación con fines médicos con argumentos tales como que se está haciendo un daño a la humanidad.

Para el tema Covid-19, los líos pueden ser muchos puesto que cuando se flexibilizan los requisitos y los tiempos y hay que sacar una vacuna a la carrera, en un año, para el caso actual, obviamente eso genera mayores temores y sin duda en el afán hay unos procesos que no se alcanzan a surtir como tampoco hay espacio para medir impactos del efecto, un factor que asusta a la población, un escenario que obliga a monitorear porque no basta con comprar las vacunas. Para el ex ministro es urgente observar y hacer seguimiento de cada caso.

“Hay que mirar el desempeño de la vacuna, no solamente en su impacto sino en los efectos colaterales, especialmente de los efectos indeseables que pudiera tener una vacuna para tomar decisiones y actuar en consecuencia. De tal manera que muy seguramente eso es lo que va a hacer el Ministerio de Salud, un monitoreo sumamente riguroso de los efectos del medicamento para darle tranquilidad a la ciudadanía, pero frente a las implicaciones de la pandemia y especialmente de los grupos de mayor riesgo, a las personas de sesenta años, lo deseable es que estén protegidas por la vacunación”, aseveró Alvarado.

Expresó que los costos de la vacuna pueden ser muy altos para un país pobre como Colombia, hoy más por los efectos de la pandemia que dejó a muchos en la ruina o sin trabajo. Apuntó que se hace necesario que el estado ofrezca la garantía de esa vacuna, con todas las condiciones logísticas que ella reclama y que sea gratuita, algo que no se discute con mayor razón en medio de una pandemia pues se trata de una acción individual con beneficios colectivos.

Lo que espera el mundo, anotó, es que se pueda combatir la pandemia a partir de la vacunación, pero con vigilancia permanente de los resultados porque, entre otras cosas, hay muchas vacunas en proceso de ser aprobadas y consideradas. Precisó que, en un término de dos años, seguramente habrá una mayor información de cuál puede ser la vacuna más indicada y la más conveniente.

Todo será muy útil, manifestó, pero estimó que es necesario dejar claro que tampoco hay certeza médica por las mutaciones del virus y por los problemas que ya se empiezan a ver como es el caso del Reino Unido, lo cual puede intuir que a futuro serán necesarias periódicamente nuevas vacunas contra el Covid-19.

El tema es trabajar, promover las alianzas y las uniones de cara a enfrentar el gran reto de la humanidad en el último siglo, igual, puntualizó, caben las competencias que son legítimas siempre y cuando se hagan al amparo de la buena fe y la probidad. Las nuevas vacunas, acentuó, tienen que producirse para sanar y salvar a la especie humana, sin politizar la urgencia y debe ser un trabajo que tiene que estar por encima de un criterio altruista y de preocupación por la salud pública.

Con casos de tuberculosis, una enfermedad reemergente, peste negra y muchas otras que empezaron a aparecer nuevamente, hay que decir que los estados bajaron la guardia en infectología, un tema para preocuparse y tener cuidado, una razón muy de peso para mantener la observancia en salud pública y fortalecer los programas de prevención vía vacunas o atendiendo otro tipo de recomendaciones.

Consideraciones finales

En la actualidad hay tres fuentes que financian la vacunación: el Presupuesto General de la Nación, PGN, que financia esencialmente la compra de vacunas, el componente de salud pública del Sistema General de Participaciones, SGP, que financia la gestión territorial del PAI, y el presupuesto de las EPS ya sea por la UPC o por el componente de promoción y prevención, que financia el acto de la vacunación mediante contrato con las IPS.

Para los doctos en salud, debe incrementarse razonablemente el rubro del PGN destinado a vacunación y sustituir el gasto de las EPS, que incurren en un delicado incumplimiento, por la morbimortalidad evitada a través de las nuevas vacunas, por parte de esa inversión eludida.

Es perentorio además, recuperar el nivel de gasto en vacunación que tenían las entidades territoriales hace tan sólo cinco años, lo que equivale a destinar ése porcentaje perdido (10%) a financiar parcialmente la modernización del PAI.

Una ley es el camino para que el gobierno y el legislativo lideren, mediante una pequeña recomposición del gasto en salud, el cabal cumplimiento de la ley estatutaria de salud y evitar que ésta se convierta en un saludo a la bandera, hasta que la justicia constitucional, eventualmente, obligue al gobierno a hacer lo que hoy puede proactivamente convertir en una realización propia.

Los casos de éxitos son casi todos

Un estudio de Healthy Children dice que en la actualidad, las vacunas son una de las historias de éxito de la medicina moderna. La viruela, asegura el documento, fue erradicada del mundo en 1977. La poliomielitis se eliminó oficialmente de los Estados Unidos y del resto del hemisferio occidental en 1991. Mientras que se reportaban de 13,000 a 20,000 casos de poliomielitis cada año en los Estados Unidos antes de la disponibilidad de la vacuna, no se reportó ningún caso en el año 2000. A pesar de que hubo 12,230 muertes a causa de la difteria en los Estados Unidos en 1921, mucho antes de la disponibilidad de la vacuna, solo hubo un caso de difteria reportado en 1998.

“La lista de enfermedades graves que se han erradicado o cuyas cifras se han reducido dramáticamente por las vacunas, continúa aumentando, desde las paperas hasta el sarampión, desde la rubéola hasta el tétano”, escribe la organización.

Vacunas, toda una vida de lucha

Durante siglos el ser humano ha buscado la manera de luchar contra las enfermedades, de atacar enemigos invisibles que ingresan al organismo para causar daño, dolor y muerte. En toda la etapa evolutiva, la humanidad debió soportar algún problema patológico y ello implicó decesos masivos y una encrucijada porque la incipiente medicina en ocasiones determinaba las dolencias, pero no contaba con las herramientas para enfrentar los terribles males.

Generalmente las enfermedades han tenido un cuadro infectocontagioso y es así como múltiples infecciones acabaron con la vida de naciones y pueblos en unos porcentajes increíbles. Aunque dolorosa y temible la jeringa y su fiel amiga la aguja hueca, ha salvado millones de vidas después de ensayos, fracasos y sustos. Hoy las enfermedades inmuniprevenibles están controladas de alguna manera, pero el mundo avanza, el hombre sigue generando ambientes para la enfermedad y todo se vuelve un reto personal, de educación casera y desde luego de salud pública.

Las vacunas son muy añejas, según los antropólogos y expertos la vacunación empieza a darse en el siglo VII con los budistas de India que ingerían veneno de las serpientes para lograr inmunidad a los tenaces efectos de la letal mordedura. Igual en China, más exactamente en el siglo X, los médicos llevaban a cabo la variolización que no era otra cosa diferente a transmitir médicamente el virus de la viruela a personas dispuestas. La práctica venía acompañada de retirar las postillas variolosas y atacando los olores con un proceso de ahumado, todo con el fin de bajar la virulencia.

La ciencia no se detiene y en el siglo XVIII el médico Francis Home, prestante hombre de la medicina inglesa trabajó en la inmunización contra el Sarampión. En 1768, el mundo conoce las investigaciones del también inglés Eduardo Jenner, un inquieto estudiante de medicina quién siguió insistiendo en el asunto de la inmunización y que a la postre, por sus tratados e investigaciones fue considerado el padre de la vacunación.

El científico obtuvo su grado y abordó el tema de la vacunación con mayor ahínco, el 14 de mayo de 1796, tras recibir la colaboración de una campesina que había sido afectada por la viruela del ganado, pudo inocular al niño James Phipps utilizando la linfa de una póstula de la mujer escocesa. El médico repitió las dosis y finalmente el niño quedó curado. Después de su publicación en 1978 gracias a la revista Variolae Vaccinae, su tratado médico llegó a todo el mundo en una década.

La palabra vacuna fue una iniciativa del científico Louis Pasteur quien quiso hacerle un homenaje a Edward Jenner, quien pasó a la historia de la medicina por inocular el virus de la viruela de las vacas.

Jeringa y aguja, claves para la vida

Si bien algunas vacunas son suministradas por vía oral, otras requieren de ingresar al cuerpo por vía muscular o intravenosa y ello conllevó a estudios y menesteres que lograron el objetivo, obviamente dejando en el cementerio a algunos colaboradores.

El término jeringa es igualmente vetusto, su origen está en la mitología griega con las vivencias de ninfa Siringa.

Como todo lo que tiene que ver con salud, la aguja hipodérmica es una herramienta sanitaria que consiste en una saetilla hueca hecha con acero inoxidable muy útil para inyectar sustancias en el cuerpo. Es clave en la toma de muestras de sangre y en la recopilación de fluidos.

Así como los animales nos aportaron enfermedad y virus, igual han servido para inspirar curación. Muchos en la antigua Roma observaron el proceso de inoculación de las serpientes que inyectaban veneno con unos colmillos huecos.

Hubo intentos, según narra el ilustrado romano Aulus Cornelius Celsus y el famoso cirujano griego Galeno, de aplicar ungüentos y sentimientos exacerbados con jeringas de pistón.

En este proceso de la jeringa participó también el afamado oftalmólogo Ammar Ibn Ali al-Mawsili, quien utilizó un tubo hueco hecho en vidrio para succionar cataratas de los ojos de los afectados por este tipo de enfermedad. El procedimiento fue retomado en el siglo XIII y resultó certero a la hora de extraer sangre, venenos y fluidos.

En la invención y perfeccionamiento de la jeringa participaron el matemático francés Blaise Pascal quien en 1650 inventó la primera jeringuilla innovadora. En 1656 el arquitecto inglés Christopher Wren, tomó a buen recaudo el invento de Pascal para hacer experimentos intravenosos. El creador de la Catedral San Pablo de Londres siguió con sus intentos de pinchar con fines curativos y utilizando plumas de ganso, naturalmente huecas, vejigas de cerdo y opio inyectó vino y cerveza a cuanto perro de la calle se le atravesó. Es inimaginable que pasó con los canes, pero según algunos amigos de la farra, pudieron tener un grato y alicorado deceso. Perfectamente pudo darle con esos arranques tétricos origen a la palabra perrada, cosa que dudo.

La medicina, dicen expertos en el tema, ha venido acompañada de muerte y miedo y por eso hay que narrar que después de los perros enguayabados de Wren, los médicos alemanes Johann Daniel Major y Johann Sigismund Elsholtz, inyectaron sustancias a un número importante de personas que terminaron en el Campo Santo.

El hecho conmocionó a la comunidad médica y desde luego a los pacientes razón por la cual los trabajos de la jeringa fueron retomados 200 años después.

El lapso lo rompe el médico irlandés Francis Rynd en 1845 quien hizo la primera aguja hueca en acero inoxidable que le sirvió para tratar por vía subcutánea pacientes con diversas enfermedades. En 1853 Charles Pravaz un físico francés hizo uso de la técnica para parar el sangrado en una oveja a la que le suministró una dosis de coagulante. Allí, aseguran, nace la primera aguja hipodérmica.

El cáncer, la angustia y la jeringa

La ciencia dice que la aguja hipodérmica es realmente creada en Edimburgo por el médico Alexander Wood en 1853. En esta ocasión el que puede llamarse invento combinado o compartido es usado para inyectarle morfina a la esposa de Wood que padecía un cáncer fatal.

Así, oficialmente, la señora del médico angustiado fue el primer ser humano en recibir droga por inyección pues fue acoplándose al uso de la aguja que todavía hoy sirve para salvar vidas, para paliar dolores y en su momento para despachar criminales atroces con la inyección letal.

En 1946 la firma de cristalería Chance Brothers and Company inicia la producción masiva de jeringas de vidrio con piezas de recambio, todo en la ciudad alemana de Birmingham. Con el tiempo siguieron los avances y el perfeccionamiento de la jeringa y el método de inyectar. El inventor español Manuel Jalón Corominas, puso la cereza en el pastel con la patente de la aguja hipodérmica desechable, un logro de la medicina reciente.

Hay labor, investigación y oficio en la ciencia, Louis Pasteur, hace más de 100 años concluyó que las enfermedades de tipo infeccioso podían evitarse. En 1885 presenta el suero antirrábico, inmejorable trabajo del médico inglés Alexander Fleming y su gran descubrimiento, la penicilina, no menos importante fue la investigación de los médicos Jonas Salk y Albert Sabin que desarrollaron la vacuna de la poliomielitis, tanto inactiva como activa. La lista es larga y duraría un buen tiempo narrando casos, pero lo cierto es que el hombre ha tenido, en medio de las crisis, la capacidad, el estoicismo y la inteligencia para encontrar soluciones médicas. Resta esperar, por lo vivido hoy, pero es urgente acompañar la ciencia con disciplina, prevención y sin irresponsabilidad.

Fernando Ruiz, como ministro de salud, dijo en el programa televisivo del presidente Duque, que tres grupos tienen  prioridad para las primeras dosis de las vacunas Pfizer y Astrazeneca: los mayores de 60 años, población con comorbilidades y trabajadores de la salud a partir de enero 2021

5.334.153 colombianos viven con comorbilidades.

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