La estupidez en los tiempos del Covid-19, ¿y de la vacuna qué?

La estupidez en los tiempos del Covid-19, ¿y de la vacuna qué?

Por Germán Enrique Núñez Torres. Director DiarioLAECONOMÍA.com   Una inquietud que surge es ¿qué le están inyectando a la gente?, es seguro vacunarse con sustancias experimentales, ¿quién responde por lo que eventualmente venga? Estos ejemplos cobran vigencia hoy porque en plena pandemia es mucho más lo que se dice que lo que se hace.

Durante años escuché de pandemias, de muerte y conflicto, igual aprendí que con la parca se gana dinero, me contaron los abuelos que los decesos dan plata, y no poca, ellos tenían reservas grandes con algunos sectores médicos y cuestionaron hasta más no poder la farmacia. En su concepto la ciencia terminó siendo la gran industria paliativa a la que jamás le interesó, verbigracia, curar el cáncer, hacerlo, comentaban, sería la ruina, pues no habría más ganancias. Un mundo sin quimioterapia sería ideal, pero alguien tiene que ganar, no hay duda.

Los exegetas de vieja data, narraban sobre la capacidad precolombina para prevenir y tratar enfermedades, ellos, los aborígenes, que dejaron su grata huella en las américas y a quienes se les pagó con desdén, proscripción y exterminio, tenían un botánico vademécum que resultó ser muy eficaz para combatir los males del indómito trópico.

Esos mismos comentaristas reconocían los trabajos de investigación clínica que venían desde los grandes imperios y culturas milenarias hasta los desarrollos hechos con marcado compromiso en los siglos XVIII, XIX y XX. Nombres pioneros como Edward Jenner y su desarrollo contra la viruela vacuna socializada en 1796, igual Louis Pasteur, reconocido hombre de ciencia que potencio la química y la microbiología hasta levarlo a descubrir el suero antirrábico.

Con las uñas y sin herramientas, los hombres y mujeres de ciencia fueron capaces de entregarle a la humanidad tranquilidad, basta ir a la época de la gripe española y ver cómo en diez años Alexander Fleming logró poner al servicio de los seres humanos y de los mimos animales, la penicilina lograda en 1928.

En 1955 el microbiólogo estadounidense Jonas Salk le entregó a la medicina uno de los grandes hallazgos científicos, la vacuna contra la poliomielitis.

Estos ejemplos cobran vigencia hoy porque en plena pandemia es mucho más lo que se dice que lo que se hace. Resulta increíble que una enfermedad con raíces en el patógeno SARS haya resultado tan complejo de atacar. Hay muchas preguntas y pocas respuestas, el mundo ya no traga entero, se le ha mentido tanto que hoy duda de todo, hasta del consomé de murciélago tan tentador para los chinos y según los expertos el inicio zoonótico de la Covid-19 en Wuhan.

Las vacunas son el tema de hoy, de un lado por la emergencia que suscitó la pandemia y de otro por el debate ético que se viene porque no todo es claro y hay muchos dedos señalando, dicha querella no se puede soslayar, debe llevarse públicamente a la gente para saber el porqué de las cosas en esta coyuntura pandémica.

Las quejas vienen de todas las latitudes, muchos en la calle dicen no quererse vacunar porque les da lo mismo hacerlo que no, igual hay que seguir con prevención higiénica como lavado de manos, uso de tapabocas y distanciamiento, nada diferente porque quien se vacune quedará igualmente expuesto. Cuestionan en los corrillos que súbitamente haya empezado a comercializarse una vacuna que está en desarrollo porque la cura no existe, tan solo un paliativo en desarrollo experimental que puede acarrear muchos problemas.

Otra molestia pública es el por qué no se muestra el avance de los rusos en Covid-19 cuando han demostrado que con Sputnik-V y con el trabajo de EpiVacCorona la inmunización es del 95 y el 100 por ciento. Es posible que el celo entre gigantes evite a toda costa que los mejores salten a la palestra, y eso contrista porque ante semejante momento, retador por demás, las grandes marcas deberían unirse y hacer un trabajo al unísono por la humanidad, pero para eso no hay espacio, decir algo distinto encaja en el término pamplina.

Llama la atención que con la salida al mercado de Sputnik-V, los demás laboratorios emprendieron una carrera maratónica para comercializar, al parecer, cualquier cosa, trabajos no terminados, sin el debido desarrollo y aprobados irresponsablemente por los gobiernos más ingenuos. El asunto no es menor porque ya hay muertos de por medio, ganancias económicas muchas, los cuestionamientos crecen y la farmacia se muestra hoy poco indulgente con quienes la señalan.

Tengo entendido que vacunas, las inoculadas para prevenir o curar son aquellas que lograron decir eureka, tal y como eufórico lo dijo Arquímedes a grito entero corriendo desnudo por las calles griegas. Ese “lo he descubierto” aún no se escucha en los laboratorios, el trabajo sigue, pero entonces vuelve la pregunta, ¿Qué nos están inyectando?

Vacuna, y hay que aplaudir, es un trabajo culminado que hoy perfectamente se expresa en soluciones médicas contra la polio, la rabia, tuberculosis, fiebre amarilla, difteria, sarampión, tétano, hepatitis B, HIB, clave para evitar la meningitis bacteriana y otras. El mundo sigue a la expectativa del gran descubrimiento, tengo el pálpito que llegará pronto, pero de momentos digámonos verdades y paremos esta pantomima. Es ofensivo ver gente vacunando sin líquido en la jeringa, ofende ver un mercado persa de “vacunas” y es lamentable la falta de carácter en los que se suponen llevan la batuta en el planeta. No es raro que después de esta guerra fría del Covid-19, venga una gran verdad, la que dejará al mundo paralizado.

A la OMS hay que decirle que no se puede bajar la guardia, vienen nuevas y más letales enfermedades, fabricadas o extraídas del conmocionado ambiente, como sea, pero hay que seguir trabajando porque aparte de todo hay males de vuelta como la peste negra y otras bastante temerarias. Contémonos verdades, apostémosle a la rectitud porque cada vez es más visible la estupidez en este momento de covid-19, por un lado, algunos laboratorios vendiendo argucias y por otro, gente irresponsable, de carnaval en medio de la tragedia, en marchas y celebraciones pírricas, sin dejar de lado los gobiernos irresponsables y permisivos que abrieron las puertas y hasta se inventaron masivos días sin IVA. A propósito de este último hecho, es muy posible que muchos compradores no hayan alcanzado a estrenar.

Lo escuché en un supermercado, el problema no está en los pulmones, sencillamente en la cabeza. Como nos cuesta a todos en el globo entender y aplicar la responsabilidad para no permitir que los males crezcan.

https://diariolaeconomia.com/editoriales/item/6075-la-estupidez-en-los-tiempos-del-covid-19-y-de-la-vacuna-que.html

 

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