’La guerra es un fracaso, solo ha servido para que nada cambie’

’La guerra es un fracaso, solo ha servido para que nada cambie’
Ingrid Betancourt, quien padeció el flagelo del secuestro de las exFarc en lo escabroso de la guerra, frente a sus verdugos, expresó: la guerra es un fracaso, que solo ha servido para que nada cambie, y para seguir postergando el futuro de nuestra juventud. Cerró su intervención así, “si hemos podido escucharnos y hablarnos con todo lo que nos cuesta, podemos decir que el amor es más grande. Que hay esperanza. Y si hay esperanza, hay futuro”.
 Al final, El “Informe Sabato” también es un llamado al “Nunca más” en Colombia

VIDEO

 La intervención de Íngrid Betancourt frente a las  exFarc

https://www.youtube.com/watch?v=k-RL4pGDOgc&t=1s

De www.elespectador.com tomamos la declaración que el miércoles 23 dio la excandidata presidencial en la Comisión de la Verdad. “Les aseguró a sus antiguos captores que “reparar a las víctimas es un tabú en Colombia” y cuestionó: “¿Cómo las van a reparar? ¿dónde están los recursos del narcotráfico?”. Según Betancourt, a nombre del pueblo, las Farc se convirtieron en los verdugos del pueblo, “convencidos de que su causa era justa y los autorizaba a cualquier criminalidad”.

Hoy es 23 de junio, Pacho (de Roux). Junio, para aquellos que somos católicos, es el mes del espíritu santo, del sagrado corazón. Y hoy es 23. Un 23 ustedes (FARC) me secuestraron y un 23 murió mi papá.

La Comisión de la Verdad nos ha solicitado participar en este acto de reconocimiento dedicado al crimen del secuestro, para darnos la oportunidad a quienes fuimos secuestrados de oír a los exmiembros de las FARC expresar públicamente, ante nosotros, sus víctimas, y ante la Nación, los sentimientos que los embargan al asumir el dolor irreparable que han causado.

Este ejercicio, que sin duda nos ha exigido valor a cada uno, nos identifica y nos restablece en la tradición de generosidad de la familia colombiana. No es una formalidad jurídica o política relacionada con el Acuerdo de Paz, sino ante todo un ejercicio espiritual, que nos obliga a mirarnos desde adentro, para tomar posición ante el mundo que anticipamos para nuestros hijos y que soñamos como meta para Colombia.

Esto es lo que ha entendido el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, quien sin descanso ha intentado reparar la trama rota de nuestro sentir colectivo, y quien nos cogió de la mano para prepararnos a oír a quienes fueron nuestros verdugos, con la esperanza de que, al hacerlo, pudiéramos acceder a una nueva humanidad, dignificando nuestro sufrimiento al mirarlo a través del lente de quienes nos lo produjeron. Por ello, quiero agradecerle. También quiero agradecerles a los comisionados y a cada uno de los miembros de la Comisión de la Verdad que hicieron este evento posible.

Aquí estamos los que estamos, cargando nuestras heridas y nuestros muertos, con la dificultad de mirarnos los unos a los otros a la cara, con el dolor de oírnos y con el pudor de nuestras emociones, pero con la decisión compartida de contribuir a romper el círculo vicioso de la violencia cuando vemos que intenta reaparecer en las dramáticas confrontaciones que vienen enlutando al país.

El valor de este encuentro reside, entonces, en que quienes actuaron como señores de la guerra y quienes los padecieron, todos aquellos que estuvimos en el ojo del huracán de la guerra, nos levantamos al unísono ante Colombia, para decirle al país que la guerra es un fracaso, que solo ha servido para que nada cambie, y para seguir postergando el futuro de nuestra juventud.

Yo nunca hubiera imaginado desde lo profundo de mi cautiverio que un día tendría la posibilidad de un dialogo humano con mis antiguos captores. Lo que quiero transmitirle al país, en esta situación tan difícil que atravesamos, es que la violencia nunca ha sido ni será la solución.

Y que, si los que estamos aquí presentes, hijos de Colombia, marcados en carne viva por el odio, hemos podido escucharnos en este teatro, tratando de liberarnos de las cadenas del rencor y de la venganza, del orgullo y del miedo… si hemos podido escucharnos y hablarnos con todo lo que nos cuesta, entonces podemos decir que el amor es más grande. Que hay esperanza. Y si hay esperanza, hay futuro.

https://www.elespectador.com/politica/la-intervencion-completa-de-ingrid-betancourt-en-su-cara-a-cara-con-exfarc/

El “Informe Sabato” también es un llamado al “Nunca más” en Colombia

Con motivo de los 110 años del natalicio de Ernesto Sabato y del evento de memoria sobre la guerra de esta semana en la Comisión de la Verdad de Colombia, publicamos el prólogo del histórico informe, de autoría del escritor argentino.

Ernesto Sabato * / Especial para El Espectador

20 de septiembre de 1984: Ernesto Sabato (24 de junio de 1911- 30 de abril de 2011) le entrega el informe “Nunca más”, de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que él lideró, al entonces presidente de Argentina Raúl Alfonsín (a la derecha). Es un expediente detallado sobre el secuestro, tortura y desaparición forzada de miles de personas durante la dictadura militar en ese país entre 1976 y 1983.

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“Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al General Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: “Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura”.

No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.

Nuestra Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Y, si bien debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo para alcanzar la tenebrosa categoría de crímenes de lesa humanidad. Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios de sufrimientos y calamidades fueron pisoteados y bárbaramente desconocidos.

https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/el-informe-sabato-tambien-es-un-llamado-al-nunca-mas-en-colombia/

 

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