La profecía que iba hacerme rico

La profecía que iba hacerme rico

Un linaje que cambió el mundo y nos enseñó el verdadero amor a Dios

La fiesta de la Navidad donde celebramos con amor y paz el nacimiento del niño Jesús, no debe convertirse en una fiesta donde el dinero y los intereses económicos estén por encima de los valores, ni desviarnos del verdadero sentido de esta hermosa celebración. Comentario stellahenríquez53@gmail.com

“Hace muchísimos años Orimón, un pícaro y rico comerciante, descubrió extraños signos en el cielo. Uno de sus sirvientes le informó de que seguramente se trataba de la profecía de los judíos, que anunciaba el nacimiento de su nuevo rey.

Así que, pensando que el evento atraería a las personas más ricas e importantes, preparó una enorme caravana con todas sus mercancías y se dirigió al lugar designado por la profecía. Como esperaba, fue el primero en llegar, y reservó todas las habitaciones de la posada para él mismo y sus sirvientes. Luego instaló un magnífico mercado y esperó a los poderosos clientes que le harían aún más rico.

Pero por allí no apareció nadie en días. Solo una noche se acercó un hombre buscando sitio en la posada para él y su familia; tenía un aspecto tan pobre que Orimón pensó que su presencia ahuyentaría a gente importante, así que se las arregló para que lo echaran del pueblo sobornando al posadero para que lo enviara a un establo abandonado que estaba bastante lejos. La noche siguiente oyó cantar y vio luces a las afueras. Seguro sería alguien importante, preparó un carro con sus más ricos productos y fue a su encuentro.

Pero llenó tanto el carro que, para cuando llegaron, ya solo quedaban unos pocos pastores; la fiesta debió ser magnífica, porque hasta los pastores estaban borrachos, y hablaban de ángeles, de coros celestiales y de seguir celebrándolo cerca de allí… Aunque le insistieron para que fuese con ellos, él solo pensaba en vender sus mercancías, y marchó rápidamente para buscar al señor que había celebrado tan lujosa fiesta. Pero, tras pasar toda la noche buscando, regresó sin encontrarlo. Días después, viendo que su plan no había funcionado, decidió irse.

Mientras hacía los preparativos, reconoció a aquel pobre hombre al que había enviado al establo. Llegaba con su mujer y su hijo, y se acercó a la posada, pidiendo hablar con el rico comerciante que la ocupaba. Pero Orimón, avergonzado por lo que había hecho, mandó decir que no estaba y, tras insistir un rato, el hombre desapareció con su familia.

Y así volvió Orimón a su hogar, renegando de aquella estúpida profecía, sin saber que su obsesión por el dinero y la grandeza le había hecho rechazar con insistencia, nada menos que tres veces, la invitación a participar en aquella primera Navidad que cambió el mundo. Como muchos seguimos haciendo cada año, tan preocupados por regalos y banquetes que somos incapaces de ver la verdadera Navidad que pasa constantemente a nuestro lado. “

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