Los perfiles de nuestra actual dirigencia requieren ajustarse

Los perfiles de nuestra actual dirigencia requieren ajustarse

En diversas columnas han podido observar un denominador común, la avalancha de normas que se expiden con mucha frecuencia y con altos niveles de exigencia de orden técnico y operativo por parte de las organizaciones, es decir, mucha norma orientada hacia la supervisión y el control, pero muy pocas sobre el fomento de las organizaciones.

Además de la Supersolidaria con las circulares sobre SIAR y demás riesgos, el Ministerio de Hacienda es particularmente enfático y con la precisión de un cirujano expide las normas que los compromisos internacionales e le vienen exigiendo a nuestro País, para poder asegurar las mejores prácticas en ese camino de compromisos.

De nuevo, preocupa que el nivel de exigencias de todo orden siempre vengan acompañados de requerimientos sobre conocimiento, habilidades y destrezas de parte de los administradores, personas encargadas de aprobar o modificar las políticas internas con tal de satisfacer el espíritu de la norma y no lo expreso porque sí, lo expreso por la realidad que afrontan nuestra organizaciones derivada de la costumbre en la administración de sus propios negocios, prácticas caracterizadas por la muy baja rotación de sus administradores, acompañado todo ello con perfiles estructurados en la autoformación, más que por el conocimiento o experticia técnica exigidas para el manejo de los temas financieros particularmente.

Recuento en el tiempo

Desde cuando se emitió la Ley 222 en  1995 en su Artículo 22 y siguientes, posteriormente con el Parágrafo del Artículo 7º de la Ley 454 de 1998 para citar normas expresas sobre los administradores, buscando definir quienes son, cómo deben actuar, cuál debe ser su perfil mínimo legal; pero retomando la más reciente normativa, citaremos los Decretos 961 y 962 de 2018 para reconfirmar las anteriores afirmaciones.

En el caso del Decreto 961 relacionado con normas sobre la gestión y administración del riesgo de liquidez, de manera concreta oficializa desde ese entonces la necesidad de estructurar el SARL por parte de las entidades con sección de ahorro y crédito. Este decreto de manera expresa requiere de las administraciones mucho rigor en las siguientes materias:

Contar con una estrategia de para el manejo de la liquidez general de cada empresa que incluya planes de contingencia, debidamente aprobados por el Consejo de administración o Junta Directiva.

Al Consejo o Junta se les exige asegurar que los gerentes tomen las medidas necesarias para controlar y monitorear el riesgo de liquidez. Dentro de estas estrategias se deben considerar el manejo de liquidez en el corto, mediano y largo plazo, aspectos coyunturales, calcular el riesgo de liquidez en diferentes escenarios y contar con un sistema adecuado de control interno para el proceso de liquidez de la entidad.

Lo anterior se soportaría técnicamente a través de un nuevo comité, el de administración del riesgo de liquidez, creado mediante acta por parte del Consejo o Junta Directiva. Este comité se debe reunir al menos una vez por mes. 

Para el caso del Decreto 962

El tema cobra mucho mayor acidez en cuanto hace a los perfiles de quienes aspiren a los cargos de dirección y control, perfiles que deben acreditarse antes de la celebración de los procesos democráticos.

Estos perfiles incluyen la acreditación de suficiente experiencia, no haber sido sancionado y la manifestación expresa del candidato indicando que conoce las funciones, los deberes y las prohibiciones establecidas en la normatividad y el estatuto de cada entidad, pero además si la entidad así lo designa, establecer de un plazo no mayor a seis años para disponer de estas experiencias y conocimientos.

Con todo éste detallado pero resumido escenario de exigencias para la nueva dirigencia cooperativa, las entidades deberán acudir a una variada gama de estrategias en procura de identificar, cautivar e invitar a sus bases sociales para dentro de ellas, garantizar los mejores perfiles, debidamente formados y con una mínima experiencia.

Los cambios son vertiginosos y sin pausa, las administraciones deben actuar ya, de lo contrario las entidades se afectarán en escenarios de corto o mediano plazo producto del incumplimiento de la hipótesis de empresa en marcha.

 

 

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