Mi tía Olga: Dile que no eres hermano de él

Mi tía Olga: Dile que no eres hermano de él

Talento que entregó con generosidad. El tiempo de partir permite el registro histórico de los sucesos, en ese rompimiento brotan las expresiones del paso por este planeta, en ese devenir la genética se aferra a sus ancestros, la memoria primitiva se robustece y el ADN se agita para enviar energías, que con generosidad impregnaste a esa tu descendencia mi recordada tía Olga. En la gráfica con su nieta Ela N. Martínez.  wiltonrizzo@hotmail.com

Al concluir con laboriosidad tu misión desde el altar de tu hogar, conociste el mundo, eras tan impredecible que no necesitaste empacar maletas para caminar por la Tierra, sabias mejor que nadie que al otro lado del planeta nuestros antípodas eran como nosotros, ni mejores ni peores, te fascinaste con el gran Universo, su infinito brillo estelar y los destellos intensos de la venteña luna llena, en ese contexto estelar, decidiste el 10 de noviembre de 2021 cerrar tú circulo planetario.

Lanzaste tus cavilaciones a Eolo el Dios de los Vientos  junto a tu liviano equipaje,  para reencontrarte –no sé dónde-  ya con esa sabiduría afinada, que caracterizó tu pensamiento liberal, en esa cita pendiente  que acordaron algún día en un desbroche de amor con Armando Martínez, tu único amado, esposo paradigmático, que junto con él  vuestros pensares esparcieron en tres generaciones, ingenio, esperanzas y realizaciones en esa piscina de concreciones sabias, que nos perfilaron para cada andar de nuestras vidas.

Sólo te hago una pregunta ¿ qué le dijiste a Raúl ese hijo tuyo que se fue a su tierna infancia, a ese, el niño más bello que conocí en mi vida? En algún sueño me cuentas.

Desde esta temporal incapacidad por una de esas enfermedades que me sorprendió en esta trayectoria ya de salida de este existir itinerante, llevó mi biblioteca llena de los instantes que me permitiste disfrutar a tu lado, como,  cuando le hacia el quite  a esas comidas que no me gustaban en casa, los frijoles y la poliada o polenta, también, me permitías quedarme a tu lado cuando llegaba con la ropa hecha trizas y los zapatos embarrados con la suela desprendida, por patear cualquier guijarro  que mi mente consideraba una bola número 5, para que mi mama Julia o Marino mi papá no me castigaran, tú ibas y traías otra muda de ropa, y en verdad era muda, nadie lo supo, luego disfrutábamos del uvero que tantos cuidados le prodigo Armando y conmigo compartieron ustedes la ambrosia de sus frutos.

Con el rio lagrimal recuerdo, hoy se refresca mi memoria, al pasar por la Ecos de Pasto un programa de música clásica la verdadera (no clásica vallenata) ahí oí para escucharla siempre la Novena Sinfonía de Ludwig Van Beethoven, la Oda a la Alegría.

Asimismo, me sonreías al decirme –eres como un judío errante-  que no te cansas de caminar, no puede estarse quieto y por allí como una solicitud de rocola sonaba en alguna tienda o cantina cercana, Romance de mi destino, cantaba Olimpo Cárdenas, escrita por Abel Romeo Castillo. es el Orfeo de mi trasegar, dice “nadie como yo nació con destino marinero”” la única flor que conozco es la rosa de los vientos, por más que estire las manos nunca te alcanzo lucero, jugo de amargos adioses es mi vaso predilecto”, con esa frase simbólica que representa las siempre despedidas “nadie sabe cómo yo Lenguaje de los pañuelo” ese soy si salgo bien librado de este receso.

Link Romance de mi destino https://youtu.be/TwCFH5w0R3g

Tengo una cascada de recuerdos, cantábamos, hacíamos poesía, te emocionabas con el Brindis del Bohemio, de Arturo el bohemio puro, que a lo mejor era ese soñado príncipe azul, leíamos a los clásicos, hablamos del ballet, sabias de las músicas del mundo, en una época donde la información cultural del planeta era escasa y poco difundida.

Tia Olga, tu apetito cultural, esa tranquilidad con equilibrio cerebral te hicieron disfrutar la vida, en las dificultades, al perder a tus niños Javier y Raúl, a saber, llevar el tren de la existencia con fortaleza, a capotear las enfermedades con una sonrisa y a dejar los sinsabores atrás, porque no hay que cargar con ellos, tu combinación sensorial de mística hogareña, de existencialismo social y estoicismo personal, creo que son los baluartes y legado que nos disteis.

Recuerdo, un día, te dije que un chico del barrio me trató de hijueputa, me reprimiste con una admonición sorprendente, esa frase me hace refrescar tu inteligencias -cuando te vuelva a tratar así, dile que tú no eres hermano de él.

Es una cascada de paisajes lugareños que tiene mi mente como figura principal a ti, cuando llegó el primer automóvil a la Unión, las primeras en ponerse glamurosas elegantes trajes, con estreno, para tomarse la foto junto a esa máquina eran Olga Rivas Muños y Julia Rosa. mi mamá, que junto con Ernestina y Nectario son los 4 hijos del matrimonio de Liborio Rivas Córdoba con Rosa Tulia Muñoz. Mi abuelo tuvo dos varones más uno al norte del poblado y otro al sur, de ellos, no recuerdo sus nombres.

Bueno es una mazorca de retazos de memoria que residen en mí, siempre reías cuando me veías llegar, soltabas un ¿de dónde vienes? Y me dabas un ¡Dios te bendiga, hijo mío y te cuide por el mundo que vayas!

Sabías el camino signado a mi eclecticismo, a mis contradicciones, a esa porción de anarquismo. Me adivinaste la suerte. Así entendí porque nunca fuiste donde las adivinas del pueblo o brujas que leían el naipe y el cigarro, tenías tu personal manera de ver el diario vivir y con solvencia intelectual describías el futuro.

En Facebook, encontré esta nota de Ela N. Martínez, describe con riqueza literaria, visualiza, grafica el temperamento jovial de ti, Olga Rivas de Martínez.

Antes un saludo solidario por siempre para mis primos Leonardo, Campo, Javier, Tulia, Isabel, sus hijos, sobrinos y demás componentes de este admirable grupo familiar, que se formó en la Unión – Nariño desde la cintura del siglo XX.  Wilton Rizzo Rivas.

¡Mi vieja me marcaste el alma!

Solíamos reír tanto juntas, mi amor eterno!
Me viste crecer, te vi envejecer
Fuiste la mejor historia en la que la vida me permitió vivir…
Me enseñaste tantas cosas, me acompañaste desde que tengo memoria, cuidaste de mí y siempre hubo amor, del más grande y puro en tu corazón hacía “tu ratona” tu niña consentida.
Ese amor que conocí por ti. Por tu forma de acariciarme hasta quedarme dormida, por tu emoción al verme llegar, por tu generosidad (y tu alcahuetería) por tus consejos, siempre tan sabios y precisos.
Conocí de la admiración, cuando jugabas conmigo, como una niña también, mientras me contabas tus aventuras, tus mejores y peores momentos. Recuerdo el brillo en tus ojos cuando me hablabas sobre lo mucho que disfrutabas montar a caballo, pintarte los labios y escuchar a mi abuelito por horas, Te tengo presente en mis recuerdos cantando esa canción que tanto te gustaba de Rocío Dúrcal, con la que justo ahora me desbordo en lágrimas sintiendo, sin duda, el dolor más profundo que he podido experimentar.
Mi vieja, me marcaste el alma, te llevo en mi piel y tatuada en mi ser. Habitas en mí.
Siempre le tuve pavor a este momento y ahora que llegó.
No sé qué haré sin ti.

Señora de los cabellos de plata y corazón de oro, la casa ya no es hogar

Ela N. Martínez

 

 

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