No me gustan los críticos de las cosas sino los hacedores de las cosas

No me gustan los críticos de las cosas sino los hacedores de las cosas

Por: Germán Díaz Sossa.

No critique, no condene, ni se queje. A mí no me gustan los críticos de las cosas, sino los hacedores de las cosas. No hay nada más fácil que criticar. Los toros de ven muy fáciles desde la barrera.

Woody Allen decía que lo que más le impresionaba de los críticos, por ejemplo de cine, es que cobraran por eso. Yo creo que nunca seria crítico de cine. Más bien le dedicaría ese tiempo y esfuerzo a realizar,  al menos, un documental de seis minutos y treinta segundos. Si no tengo cámara, como sé tanto, lo podría hacer al menos con el celular.

Tampoco sería crítico de teatro, sino que intentaría escribir y dirigir una obra para el colegio de mi sobrino Pepito o en el salón comunal del barrio.

Y tampoco sería crítico literario sino que, antes, trataría de escribir un cuento de dos páginas o haría una colaboración para el periódico de la parroquia.

Lo que vale la pena en la vida no es criticar sino ejecutar. Pero criticar es muy fácil. No requiere casi esfuerzo, como le gusta a mucha gente. Cientos de hombres pueden tardar meses o años levantando un edificio, y apenas unos pocos lo pueden derribar, en cuestión de minutos. Destruir es más fácil que construir. Pero lo que vale la pena en la vida es construir.

Y no condene. Deje de estar mirando la paja en el ojo ajeno y trate de ver más bien la viga, el inmenso poste que tiene en el suyo.

Y tampoco se queje tanto.

Hace poco leí una definición de neurótico que me gustó. Dice que neurótico es un tipo que sabe que 2 más 2 es 4, ¡pero le molesta! Torrijos decía que el que se aflige, se afloja.

– Demuestre aprecio honrado y sincero, pero sin ser adulador, falso ni hipócrita.  Yo no le regalo nada a nadie. No me gustan los aduladores ni los lambones. Pero elogie y destaque cuando sea justo y necesario. Sorprenda a las personas no sólo cuando hacen las cosas mal, sino  cuando las hacen bien. Siempre digo en mis seminarios y conferencias que, por ejemplo, un vendedor profesional no necesita que lo motiven, pero tampoco necesita que lo desmotiven.

Lo que motiva a los vendedores y a los líderes son sus propias metas y sus sueños.  Y una recomendación adicional: Elogie en público y llame la atención en privado. ¿Pero qué es lo que ocurre en la inmensa mayoría de las empresas?  Que a los empleados les pegan el varillazo en público y los felicitan, si es que algún lo hacen, en voz baja y en privado.

Intente cumplir sus metas. Hacerlo, incluso, sube la autoestima. Me decía el psicólogo Hugo Mastrodoménico que la autoestima sube cuando las personas se ponen metas, las consiguen y las agradecen.

Hay jefes que destruyen la moral de las personas, con sus atropellos y sus críticas infundadas, repetitivas e injustas. Esas personas le saldrían más baratas a la empresa si se les envía el sueldo a la casa y que se queden allá todos los días viendo novelas o fútbol.

La motivación que funciona es la positiva. Pero, eso sí, lo único que es verdad es lo que produzca resultados.

– Despierte en los demás un deseo vehemente.

La mejor manera de liderar es con el ejemplo. Y un líder es una persona que hace crecer a todo el que se le arrima. Los líderes no tenemos temor de que nos desplacen. Y por eso enseñamos absolutamente TODO sin mezquindad. Los líderes nos rodeamos de personas más capaces y más inteligentes que nosotros. Y les delegamos responsabilidades y retos, por su capacidad e inteligencia, si los hemos seleccionado bien.

Muchas veces siento tristeza al observar a presuntos líderes cuando impiden, estorban  el crecimiento de sus subalternos. Pienso que, en el fondo, esos no son líderes sino jefes. El liderazgo se gana. Una jefatura la puede recibir alguien que quizás no la merezca.

Ahora bien: De todas formas también hay que aprender a respetar las jerarquías. O habrá problemas. Y no se debe olvidar que, muchas veces, la mejor manera de ganar una discusión, es evitándola. De todas formas haga las cosas con inteligencia y con tacto. Quien tiene tacto, tiene mucho. Quien  no tiene tacto, tiene muy poco.

Interésese sinceramente por los demás.

– Sonría. Y esto es especialmente importante cuando usted atiende a los clientes personal o telefónicamente. Uno no tiene la culpa de la cara que tiene, pero sí de la cara que pone.

Hace algunos meses escuché a una conferencista mexicana que dijo algo muy brocha, pero cierto. Anotó: “Y yo si prefiero una sonrisa fingida, que una jeta natural”.

Muchas de estas enseñanzas las recalcaba ese gran líder, escritor, profesor y conferencista Dale Carnegie, mi verdadero y gran maestro.

– Recuerde que para toda persona, su nombre es el sonido más dulce e importante en cualquier idioma. No le ponga apodos a la gente, mucho menos si son ofensivos y si degradan a la víctima. Aprenda que uno tiene que reírse con la gente, no de la gente.

– Sea un buen oyente. Anime a los demás a que hablen de sí mismos.

Un abrazo y feliz semana.

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