Para ser la despensa agrícola y seguridad alimentaria del mundo

Para ser la despensa agrícola y seguridad alimentaria del mundo

Apoyamos desde Ecosolidario – Universo Digital, las propuestas para que Colombia retorne al campo y se convierta en despensa agrícola para el mundo que presenta en su Diario de la Economía el periodista economico Germán Nuñex.

Campesinos: La pandemia los hizo visibles e imprescindibles

Foto Pixabay
Los productores dicen que las condiciones están dadas para retomar la agricultura en Colombia, pero demandan del estado más apoyo y una verdadera atención. ANUC, Carcasí y Cabrera, campo, retos y compromiso.
Desde 1965 cuando la presidencia de la República estaba en manos del siempre recordado Guillermo León Valencia, un mandatario único y de enorme sentido del humor, Colombia celebra el día del campesino en reconocimiento a una ardua y loable labor ya que se hace en diferentes pisos térmicos, a sol y agua, en condiciones muy difíciles, permanentemente fertilizando sueños y anhelos de mejores ingresos y desde luego de plena paz.
El productor agrario ha marcado un hito en la historia económica de Colombia puesto que fue determinante en la época prehispánica, en la colonia y en la república. Los campesinos fueron vitales en momentos difíciles a través de los años, pero igual hay que decir que durante décadas fueron injustamente castigados por el conflicto armado y por una violencia política sin cuartel que se llevó las vidas de miles y miles de inocentes. Cruel fue la guerra de los Mil Días, impía la época de la violencia que inició con el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en Bogotá y que le dio inicio a un exterminio de labriegos casi que sistemático.
No exagera quien dice que entre los siglos XX y XXI el campesinado colombiano fue una especie en vía de extinción toda vez que los productores del campo estuvieron, lamentablemente, entre dos o tres fuegos sin saber muchos porque los ajusticiaban, los amenazaban, los lastimaban o les quitaban sus tierras.
Agricultores, ganaderos y en sí una ruralidad productiva supo de trabajo y afianzamiento de sectores productivos, pero igual tuvieron que cargar con el lastre de una violencia añeja y de unos odios que terminaron con una mano de obra supremamente necesaria para la seguridad alimentaria. Como si fuera poco el país incursionó en una apertura económica en los inicios de los noventa sin saber de apertura y la desgravación arancelaria arrasó con cultivos, empresarios y empleo.
El modelo, que fracasó y fue hasta más no poder equivocado, puso en las grandes ciudades millones de personas que salieron de sus fincas por miedo, por hambre y por falta de políticas de productividad que tuvieran el sello de rentabilidad. Todo ese compendio encierra algunos términos porque en los campos hay coraje, resiliencia, compromiso, amor, aguante y esperanza, ¡ah!, y olvido.
Ni las balas, ni las amenazas, menos los despojos o los amedrentamientos a que fueron sometidos los agricultores pudieron acabar con ese gran activo de Colombia, el campo, la gran despensa, la bendecida fuente de alimento y el bordón de vida. Hoy los campos vuelven a brillar, hoy se cierne sobre la economía campesina un futuro prometedor porque una pandemia de grueso calibre obligó a los países en el mundo a vivir de su agricultura y su mercado interno, realidad a la cual Colombia no es ajena, hoy hay vientos amables que traen consigo buenas nuevas, dicen que el campo en su futura versión será más que importante porque finalmente no hay petróleo, metales o diamantes que enamoren, finalmente con hambre nadie piensa en el brillo del oro, en el espeso y negro de los hidrocarburos ni en la resplandor de las piedras preciosas, no, todos, absolutamente todos piensan en comida porque para vivir la necesitan, eso y agua, nada más.
Hoy en las zonas rurales todos hablan de un escenario promisorio en donde llegarán las oportunidades que fueron negadas reiterativamente, en este nuevo amanecer del campo la gente piensa en la necesidad de la paz sobre pilares de productividad porque una cosa sí es cierta, nadie anhela, ni por equivocación, volver a una vida huraña, furtiva y oscura porque no hay nada más dichoso que sembrar, cosechar, criar, vender y ganar, claro que sí, faltaba más, es un sagrado derecho.
En esta coyuntura de pandemia, el reto en el campo es cada vez más grande porque se trata de retomar las labores agrícolas y ganaderas, pero con buenas prácticas, calidad, inocuidad y desde luego con responsabilidad ambiental y llevando la calidad de vida a lo largo y ancho de un país que con la nueva agricultura, la de la innovación y la sanidad, entregará utilidades, empleo y crecimiento en los campos, a donde muchos van a querer ir, invertir o simplemente descansar en ellos entre tanto distraen su alma con el paisaje colombiano, con el olor limpio del campo que crea una mixtura entre boñiga, hojas húmedas, pastos frescos, maíz, café, pero igual el de la leche de ordeño en madrugadas y el mágico aroma de la guayaba.
En esa ruralidad que enamora, hechiza y cura, habrá con la ayuda de Dios, pero con el concurso del gobierno, una dinámica productiva que hará crecer las ilusiones de poder ver el país con el que tanto soñamos, el gran productor de alimentos y futuro para nuestros hijos, nuestros nietos y el que a final de cuentas será, en el juicio de las nuevas generaciones, la rúbrica de lo que fuimos capaces de hacer.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Presidente de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, Luis Alejandro Jiménez Castellanos, dijo que desde la ruralidad y el campesinado se ve la situación marcada por incertidumbre porque mientras la pandemia ha hecho visibles a los labriegos ante la comunidad nacional y mundial en materia de producción de alimentos, existen muchos interrogantes sobre las decisiones políticas que fortalezcan y fomenten la agricultura en el plano local.
El dirigente campesino manifestó que quizás deprime que los actos del gobierno no apunten hacia la misma dirección porque los productores no encuentran medidas contundentes y enfiladas hacia la recuperación agropecuaria pues tan solo hay un relicario de buenas intenciones, como es visible en el discurso palaciego, que si bien se agradecen, no son la panacea para un lío tan grande como lo es la ruralidad que pide con urgencia decisiones y acciones que les permita a los productores asumir con arrojo el compromiso de la productividad y la seguridad alimentaria, una acción posible con el apoyo decidido del ejecutivo.
De otro lado, sostuvo, en el contexto de la economía estrictamente opcional de la economía campesina, hay igualmente serias falencias porque está de presente el alza en el precio de los insumos agropecuarios so pretexto del alza del dólar que efectivamente pasó de 3.500 pesos en los inicios de marzo a 4.170 pesos, pero aclaró que la divisa hoy volvió a sus niveles de 3.700 pesos mientras que el insumo para el campo que es en su mayoría importado y se transa en dólares subió, toda vez que hubo alzas del orden del 32 por ciento. Lamentablemente, replicó, ya bajó el dólar, pero los insumos se quedaron en el techo y nadie desde el gobierno hizo la observación.
Agregó que mientras lo anterior ocurre, es fácil encontrar que la venta de los alimentos que producen los campesinos y se tranzan en depreciados pesos, genera pérdidas. Hoy, apuntó, los productos no está llegando a las ciudades por diversas razones, de un lado porque hay problemas serios con las garantías de logística pues una cosa dice el gobierno y otra muy diferente las restricciones de movilidad ordenadas en municipios y departamentos, otro agujero negro que genera más incertidumbre.

“Hubo sectores de consumo que entraron en receso, por ejemplo el turismo no está operando y por esa circunstancia en zonas en donde se comercializaban de manera directa los productos de fruta, especialmente a los turistas, en este momento eso no se está dando generando un problema económico y social muy grande porque hay alimentos perecederos de por medio que no pueden ser vendidos y de otro un hueco fiscal en los hogares campesinos que se quedaron sin ingreso y sin opción de nada. Anteriormente de Tunja a Sogamoso era normal ver productores con sus puntos de venta, evadiendo un poco la acción del intermediario, haciendo su comercio en la orilla de la vía en donde vendían a un precio justo, pero como ya no hay turistas no hay a quien venderle y por eso las cosechas de pera, manzana y duraznos no han tenido compradores y tuvieron que botarse, algo lamentable”, declaró el señor Jiménez Castellanos.

Un problema nada menor es que el consumo en las ciudades ha bajado considerablemente lo cual no es un secreto porque la capacidad de compra de los habitantes disminuyó y en ese orden de ideas cayó también la adquisición de productos campesinos, situación a la cual se suma el temor que tienen muchos de los asociados a la ANUC y muchos de los campesinos de contagiarse con la Covid-19 en las centrales de abastos.
A criterio del dirigente, son varios los factores que tienen al productor primario en una situación de alarma, empero aclaró que esa circunstancia la aprovecha el intermediario que paga cosechas a muy bajo precio en las regiones y que a la vez va dándole forma a una inconveniente cadena de especulación que afecta a los consumidores finales en las ciudades que pagan alimentos mucho más caros, un tema nada fácil de sobrellevar.

¿Cambiará el campo con el mercado interno?

El tema de actualidad es la resurrección del campo como consecuencia de una crisis pandémica y económica mundial que obliga a los países a repensar sus economías y a apostarle a la seguridad alimentaria para paliar la hambruna, la nueva amenaza una vez termine la terrible y contagiosa enfermedad respiratoria.
Los productores quieren volver a las grandes siembras y a las cosechas generosas que dejaron utilidad, eso sí pensando en que ello será viable única y exclusivamente si el estado les garantiza rentabilidad, seguridad y sostenibilidad. Lo anterior incluye revisar y eliminar el margen de intermediación porque nadie, en absoluto nadie ha querido dejar de lado un cáncer que mata la rentabilidad, un problema que atomiza la equidad, el derecho al trabajo y hasta la dignidad porque hay productores que no perciben ni siquiera los costos de producción mientras que los señores de la plata, los cazadores de riqueza fácil e infame hacen y deshacen con una economía que no les pertenece y a la cual acceden de manera irregular porque logran enormes riquezas versus la quiebra campesina, esa en donde la miopía estatal fue total ya que no se está hablando de un tema reciente, es una flagelación de vieja data que tuvo hasta la complicidad de personas nada gratas para la economía rural.
Bajo ese esquema de intermediación hay una realidad y es que ganan cuatro o cinco, pero se quiebran a la fija dos, el productor primario o el campesino y los consumidores, un hecho deleznable desde todo punto de vista.
La ANUC explicó que la estrategia inicial del gobierno, en su momento, fue aprovisionar al país de algunos granos importados lo cual llevó a la toma de decisiones totalmente onerosas para la agricultura porque se impuso el arancel cero, una estrategia que fue complementada con la puesta en marcha de acuerdos internacionales de comercio, una gestión que redundó en abrir la puerta a más importaciones con el propósito de abastecimiento, especialmente, de maíz, sorgo y soya para la producción de alimentos para animales. De todas maneras la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos aseguró que es innegable que los países a futuro tendrán que enfrentarse a un hecho cierto y es que no tendrán la misma producción y que bajo esas circunstancias no podrán seguir exportando, una situación que los hará priorizar su consumo interno.

“Cuando eso ocurra, Colombia no tendrá la posibilidad de seguir importando, hoy están creciendo las importaciones por ese fenómeno, pero cuando no nos vendan en el exterior, la pregunta es ¿qué vamos a hacer? y lo cierto y lo que uno nota es que no se está haciendo nada, de orientación política, para fomentar estrategias e impulsar la producción de esos alimentos en el país y adicionalmente tampoco se ve una acción que apoye la producción de otros productos pues no solamente los granos garantizan seguridad alimentaria, puesto que están las frutas, las verduras y las explotaciones proteínicas, que tampoco se está dando y si allí se dieran pasos fundamentalmente en el área de, por ejemplo, ejercer el control directo de precios en los insumos tema al que no hay que tenerle miedo”, expuso el Presidente de la ANUC.

Especificó que para ese propósito hoy en Colombia se está actuando con una de las tres modalidades que puede aplicar el gobierno y es la más sencilla, la de libertad vigilada en donde se les dice a los productores, importadores y distribuidores que fijen el precio para luego presentar un informe a instancias del gobierno, lo que a consideración de Jiménez Castellanos no conduce a nada porque el famoso informe es presentado después de que han cobrado los insumos al precio que quisieron los distribuidores.
Los campesinos agrupados en la ANUC insistieron en que la mejor y más transparente medida es aplicar el control directo de precios que consiste en que el ministro de Agricultura a través de una resolución fija el precio máximo de los insumos agropecuarios lo que sería desde cualquier análisis la verdadera intervención para controlar los precios con lo cual bajarían los costos de producción, haciendo viable la actividad agropecuaria en el país.
Un punto en el que igual hay que trabajar de manera intensa es en el acopio y comercialización de los productos de la economía campesina que como ya se dijo tienen que ver con frutas y verduras que requieren, por ser perecederos, de ciclos cortos de mercado, es decir que entre menos distante sea el trayecto, mejor se conservan las cosechas.

“Eso lleva también a que haya una compostura por parte de los consumidores para que sea viable favorecer y privilegiar el consumo de los productos de su región y ahí creo que podríamos ganar todos porque se reducen los costos de transporte, se evita la intermediación y se le da mayor empuje a los mercados campesinos, a las plazas de mercado locales en donde tradicionalmente se vendía, es decir se trata de devolvernos un poco a lo que realmente fue la economía campesina. Yo creo que eso favorece, pero el proceso hay que acompañarlo con crédito justo porque en la pandemia, la estrategia le bajo el costo del dinero a los grandes y medianos productores, pero a los campesinos nos dejaron igual, luego deja entrever una inconsistencia grande”, aseveró Luis Alejandro Jiménez Castellanos.

La queja igual explica que otra medida tomada por el gobierno tiene que ver con hacer compras de productos en sobreoferta y otras masivas a los gremios que entre otras cosas son los que reciben los beneficios de crédito y tienen sus proyectos comerciales e industriales. Es a ellos, precisó el directivo, a quienes les entregaron la línea de crédito y luego les dicen que hagan su case con algún tipo de alimento, sin embargo la ANUC aclaró que los grandes gremios de la producción están en palma y en otras actividades que no son exactamente bienes de consumo. Añadió que como la producción es de economía campesina, los gremios seguramente pueden terminar siendo intermediarios de los insumos que el gobierno les va a comprar.

Agroindustria y asociatividad, un paso obligado

El tema de la agroindustria, la transformación y el valor agregado es en opinión del Presidente de la ANUC, un paso inevitable así como una necesidad de la que siempre se ha venido hablando pues desde tiempos lejanos en Colombia se ha hablado de la necesidad de añadir valor y procesar el producto primario para hacerlo menos perecederos. El problema del asunto, dogmatizó la asociación, es que el país se quedó en los enunciados porque las políticas de financiamiento están encaminadas a que los grandes productores y los grandes comerciantes sean los que manejen esas líneas y algunos de la minoría lo han podido hacer.
Para el vocero es deplorable que al campesino no se le dé esa posibilidad financiera porque pese a que se habla de crédito asociativo, el tema termina siendo un saludo a la bandera, a tal punto que la figura hoy no está operando.
El crédito individual, expresó, igual tiene demasiadas restricciones razón por la cual los campesinos le han insistido al gobierno que así como se transformó el Fondo Nacional de Garantías, FNG, para la industria y el comercio, igual hay que reformar el Fondo Agropecuario de Garantías, FAG, que es el que habilita a los productores y pasar con ello de la cobertura del 80 al 100 por ciento porque el fondo actualmente solo aporta el 80 por ciento del valor del crédito y el otro 20 por ciento lo garantiza el campesino con una hipoteca o con un fiador y resulta que eso no se da ya que se tienen los predios, todos en falsa tradición y por eso la ANUC le solicitó al ejecutivo el trámite de un proyecto de ley que surtió efecto en el Congreso en primer debate, pero quedó congelado por la coyuntura pandémica.
Tal y como están las cosas lo más probable, analizó Jiménez, es que dicho proyecto tenga que volverse a presentar, teniendo que esperar un tiempo prudencial y dándole la espera que generalmente demanda una iniciativa de corte parlamentario. Entre tanto, avizoró, el problema de liquidez seguirá en los labriegos de Colombia porque si no hay un título de dominio sobre los predios, será imposible para el campesinado acceder al crédito lo cual dice porque se está pidiendo la reforma del Fondo Agropecuario de Garantías para que cubra a los pequeños productores hasta por el 100 por ciento del valor del crédito, lo que resultaría un paso importante.

Los retos están igual por el lado de la comercialización

En su análisis sobre el campo colombiano y la necesidad de darle mayor dinámica y oportunidad, la ANUC aseveró que es importante generar unos métodos de comercialización en donde justo la asociación viene haciendo el diseño de un sistema para los productos de economía campesina porque manifestó que no es igual hablar de la agricultura comercial que usualmente opera con monocultivos, grandes extensiones de un solo cultivo y que maneja unas escalas importantes que le permiten operar con mayor facilidad y eficacia, pero explicó que cuando se aborda el tema de la economía campesina, todo es al contrario porque en un muy pequeño predio un campesino es capaz de producir una gran diversidad de alimentos de manera escalonada lo cual implica acudir a la asociatividad, modelo que hoy tiene unas dificultades inmensamente grandes porque hay un vacío legal por lo que se le ha dicho en reiteradas ocasiones al Gobierno y al Congreso de la República que en ese sentido le dé celeridad a un proyecto de ley que si bien está en curso, no ha salido para clarificar el camino de la economía campesina, una iniciativa que hoy podría darse al amparo de la emergencia para que las asociaciones campesinas puedan existir y comercializar, algo totalmente imposible si no están en la vida jurídica.

En este momento hay unas 25.000 asociaciones campesinas que existen desde hace mucho tiempo, pero que por el vacío jurídico están en la informalidad quedando inhabilitadas para operar, todo un desperdicio porque con esos avales habría un campo más próspero y mucho más generador de riqueza.

Colombia, según el ministerio de Agricultura, cuenta con 1.6 millones de pequeños propietarios de tierra y de ese total el promedio de la ANUC permite calcular que de 1.6 millones de predios se generan en promedio dos puestos de trabajo, unos 3.2 millones de empleos rurales aproximadamente, una cifra que cobija a propietarios que devengan su sustento de trabajar la tierra pues de no ser así en Colombia habría que restar 3.2 millones de plazas laborales, empero hoy ese es el número de campesinos productores.

La paz fue una ilusión

Sobre el proceso de paz, el Presidente de la ANUC señaló que Colombia se hizo bastantes ilusiones, no por ser soñadores sino simplemente porque con un sentido práctico se confió en una desmovilización y en una Colombia totalmente sosegada y sin más víctimas. La ANUC, dijo, fue promotora de paz y participó activamente con propuestas que sumaron a la idea de paz, equidad y justicia social.
La asociación fue enfática al decir que los acuerdos per se, tienen un compendio grandísimo que le podría dar al país la dirección correcta de cara a ponerle fin a una guerra fratricida. Anotó que el proceso de paz tal y como está es procedente pues como dice Jiménez Castellanos, bastaría con poner implementar el punto uno del acuerdo bautizado “Hacia un nuevo campo colombiano” con lo que vendrían muchas soluciones en vista que habla del gran salto cuantitativo y cualitativo en el acceso y el uso de la tierra, desde luego haciendo una repartición ecuánime de predios.

“Inclusive yendo algo más atrás en el tiempo y echando mano de la ley 101 de 1993 o de Desarrollo Rural y Pesquero podría dársele uso a una serie de instrumentos que contempla la ordenanza y que a la fecha no se han desarrollado pues se legisla, pero no se implementa lo que suele ocurrir en Colombia cuando el tema es puntualmente en favor de campesinos. Hoy el proceso de paz se nos está convirtiendo casi que en una frustración porque quienes nos atrevemos a decir que el proceso debe cumplirse o ejecutarse somos mal mirados y esa circunstancia de verdad nos preocupa, creo que debería ser una consciencia nacional y el acuerdo hay que implementarlo. Eso no es capricho ni una propuesta política de nadie, es tan solo el consenso de un proceso largo y con muchos actores”, indicó el dirigente.

Una herramienta determinante para el campo y para la economía rural es el Consejo Nacional Agropecuario y Agroindustrial el cual fue creado por medio de la ley 301 de 1996 y que no funciona, una instancia que paradójicamente opera en cabeza del Presidente de la República, conformado igualmente por el Director de Planeación Nacional, ocho ministros, todas las entidades del sector agropecuario, los gremios de la producción, algunas asociaciones campesinas, académicos y gremios de profesionales del sector, un escenario ideal para debatir los temas del campo y en donde es factible opinar de manera objetiva en la construcción de una economía rural totalmente prospectiva.
Recientemente el Presidente de la ANUC radicó un Derecho de Petición al señor Presidente de la República para que convoque y active esta instancia que es en donde debe analizarse y debatir las políticas y las estrategias para el sector agropecuario porque fue creado con una finalidad única y es precisamente crear mecanismos útiles y efectivos para proyectar el campo como empresa así como salida a los grandes problemas económicos del país que tiene en la ruralidad la respuesta a cómo salir de aprietos.
Con esa instancia que debería estar en los departamentos y municipios, tendría que haber una dinámica y un análisis pormenorizado de cómo llevar soluciones al campo y a partir del campo, motivo por el cual se hacen muy necesarios los Consejos Municipales de Desarrollo Rural así como los mismos mecanismos a nivel departamental.
Al campo se le miró tarde, pero como dicen los abuelos, “más vale tarde que nunca” y muchos desestimaron un sector en capacidad de abastecer el país e inclusive de generar oferta exportable. Hoy el campo exporta café, flores, banano, ganado, frutas exóticas y muchas otras cosas. Por tal razón el país debe cambiar y hacer las cosas al derecho por según las ANUC los discursos hay guardarlos y reconstruir ruralidad sin discursos políticos los grandes responsables de la precarización.

Ruralidad que dice sí, la consigna de Carcasí

A su turno el Alcalde del municipio de Carcasí en Santander, Luis Alfredo Albarracín Archila, declaró que infortunadamente el gobierno nacional no ha puesto los ojos en el sector agropecuario, dejando ver una desidia y un despego muy marcado por la economía campesina.
Para el mandatario municipal, el Presidente de la República y el país como un todo no pueden perder de foco que lo realmente importante en Colombia es el campesino y la ruralidad puesto que en el campo está el presente y el futuro de una nación que está entrando en una nueva era de su economía, que con cargo a la pandemia tiene que vivir de su mercado interno como también de su producción agrícola.
En la plática con este medio, Albarracín Archila consideró que el problema del campo, su atomización y desconexión de las grandes ligas de los mercados es la consecuencia de una política de estado que miró con desdén y falta de congruencia un sector agropecuario totalmente listo para producir, abastecer y alimentar. Hubo seguramente hasta una muestra grande de desagradecimiento porque el campo que alimentó a las generaciones pasadas fue puesto en bandeja y a un precio irrisorio con la apertura económica, con los tratados comerciales y con una intermediación sin alma que les quitó a los campesinos hasta la sonrisa del semblante.
El Alcalde de Carcasí dijo que hay en el estado no pocas deudas con la ruralidad, pero expuso que se hace necesario dotar al campo, tecnificarlo, modernizarlo y hacerlo rentable con estructuras comerciales sólidas y sostenibles que permitan llevar alimentos desde las veredas con puntualidad, calidad y lo principal, con rentabilidad, una variable que desde hace mucho no se conoce.
Carcasí es un municipio emblemático de la Provincia de García Rovira en el sur de Santander y por su variedad de pisos térmicos es muy fuerte en su agricultura. La población produce una gama importante de productos que van desde frijol, papa y maíz que se cosechan en las partes altas hasta caña, cítricos y otras frutas en tierras más cálidas.
Es igualmente importante la cría de ganados, principalmente de razas criollas, en donde los bovinos suelen ser de doble propósito y con una rusticidad que los hace muy resistentes y de fácil adaptabilidad a los climas que maneja el bonito municipio. La cría de vacunos normando es igualmente relevante en la región toda vez que en Carcasí pastan animales con buena conversión a carne y leche. Pese a ser un pueblo relativamente pequeño, los carcasianos cuentan con un hato importante para la provincia y para Santander. Igual de importantes en la cabecera municipal son el comercio y el transporte de carga y pasajeros que regularmente buscan llegar a la ciudad de Málaga.

“En agricultura somos muy fuertes porque tenemos muchas líneas de producción, pero resulta que no tenemos un mercado asegurado o un precio fijo para que el campesino sepa que siembra para ganar plata, pero lamentablemente hoy nuestros campesinos están sembrando a pérdida por lo que se busca que el gobierno vuelva sus ojos al campo para que mancomunadamente exploremos alternativas para llegarle al productor primario con unos proyectos que verdaderamente le lleven beneficio pues en la región se adolece de distritos de riego, de canales de comercialización y de otros bienes públicos elementales que como labriegos necesitamos para producir. Necesitamos que el Gobierno Nacional se vincule de alguna manera con el sector agropecuario de nuestro municipio”, afirmó Albarracín Archila.

En aras de tener mejores políticas públicas, dijo el funcionario, lo mejor es que el ejecutivo tenga más en cuenta a los alcaldes, una herramienta valiosa para trazar un desarrollo verdadero y gestado sobre la base de las necesidades y las peticiones de la comunidad campesina, esa que urge de mejoras y herramientas, empezando por las vías terciarias que son de lejos las más abandonadas del país sin que nadie en el estado se ponga colorado. Para quien dirige hoy los destinos de Carcasí, es importante que el gobierno invierta en vía nacionales y en troncales, pero subrayó que peca gravemente dejando a un costado las vías del campo que son fundamentales para abrirle puertas al progreso, igual para la calidad de vida y para producir más y a un costo menor, en eso dijo no se pueden cerrar los ojos.
Insistió en la construcción de distritos de riego por cuanto muchas cosechas se perdieron por falta de agua, una solución a la mano del ejecutivo que le puede hacer el quite al cambio climático con una inversión inteligente porque su retorno es agricultura, alimentación, abastecimiento, empleo y desarrollo.
Una característica de Carcasí es que su población es 100 por ciento agrícola y pecuaria, sus habitantes tan solo saben de producir alimentos y por ello reclaman de la Casa de Nariño mayor apoyo y mucha más atención porque en muchas ocasiones se han sentido totalmente olvidados.
La idea es sacar productos de Carcasí con precios totalmente rentables y a mercados asegurados. Otro lío y un reto es hacer de lado una intermediación muy ventajosa que al parecer detesta que los productores se queden con lo que merecen por su trabajo en los campos. En estos momentos los productores de Carcasí centran sus esperanzas en la cooperativa agrícola que fundaron y busca darle al frijol valor agregado y poner el producto ya empacado en empresas de grueso músculo financiero en las medidas que el cliente las pida.
Carcasí cuenta con tres muy buenas variedades de frijol y además tiene en oferta papa, igual de calidad inigualable en toneladas y en las calidades y tipos que el mercado exige. Este municipio de más de 5.000 habitantes tiene una riqueza agropecuaria y una gastronomía enamoradora que se levanta sobre lomas y altozanos a 2080 metros sobre el nivel del mar.
Carcasí el muy interesante pueblo de la provincia de García Rovira fue fundado en 1683, ya en 1772 su categoría fue llevada a parroquia y en 1887, después de la Constitución del Presidente Rafael Núñez, mereció el grado de municipio. No se puede pasare por alto, pues sería pecaminoso no precisar que el municipio goza de fama por ser dueño de la iglesia más longeva de la promisoria provincia, la parroquia de San Juan de Sahagún erigida en 1600… Parece que fue ayer.

Las madrugadas de don Jorge en Cabrera

Para este especial del día del campesino fue igual a las verdes y fértiles tierras de Cabrera en Cundinamarca, Diariolaeconomia.com, y en ese municipio habló con el productor Jorge Espinosa, un agricultor de toda la vida dedicado a la siembra de alimentos y a una lucha diaria por tratar de ganar algo de su esfuerzo en las complicadas madrugadas de la Central de Abastos de Bogotá, Corabastos, un campo de batalla en donde los productos suben y bajan de precio, imponiendo el capricho de quienes compran en efectivo, o como dicen los productores, de chan con chan.
Con una mirada serena en tanto escucha la pregunta, el agricultor mira fijamente a un costado de la fría estancia que lo alberga en su finca y dice lacónica y fríamente, como las nubes que acarician los cerros de su terruño, “el campesinado está muy mal”.
Dijo que en estos momentos y día a día el productor del campo está quedando en la pobreza absoluta lo cual es la consecuencia del olvido, de la falta de acompañamiento del estado y de una incontable cantidad de promesas que terminaron en total incumplimiento, en tristeza y en unas ilusiones que se desbarataron con el paso inclemente de los años.

“Actualmente estamos en un gran problema sanitario que ya es un caos económico y lo único que vemos y oímos es hablar bonito, pero en acciones nada de nada, nosotros en el campo seguimos a la de Dios y sin quien nos mande un salvavidas porque piensan que como hemos estado a la deriva y aprendimos a sufrir, entonces no hay necesidad de mirar a los curtidos campesinos, el tema aquí en las veradas es muy templado y no hay voces que regalen algo de entusiasmo”, dijo el agricultor.

En medio de su observación, Espinosa hizo varias preguntas, ¿cómo vamos a salir de esta en los campos? ¿Qué va a pasar con quienes están perdiendo cosechas y viendo deteriorar la comida? ¿Qué futuro vendrá en las zonas rurales?, pero la que visiblemente le generó mayor indignación fue aquella de… ¿con esta quiebra y con esta ruina que crece con afán, cómo van pedirle a un campesino que pague un crédito?
Manifestó que hay cosas sin sentido y un agro que sigue en la cuerda floja. Expresó que si algo bueno viene es por fuerza mayor y por una enfermedad que está cambiando al mundo, pues de lo contrario, no habría como pensar con un mínimo de optimismo.
Un problema de Colombia y que golpea el agro, afirmó, es la corrupción pues hay un Ejército y una Policía que puede hacer uso de los camiones para extraer alimentos de las fincas y un gobierno que bien puede comprarle al campesino sus cosechas a un precio razonable y sin intermediarios, pero de manera increíble eso no sucede y sí se ven mercados muy pequeños en donde una lata de atún de 4.000 pesos lo pasan por 20.000 pesos, un escenario triste, oscuro y absurdo porque hay comida barata, pero no surgen ideas o iniciativas para que la gente coma fresco, de calidad y sin penurias como pasa en los barrios marginados.

“Un problema o una bendición es que el campesino no se presta para que facturen muy caros esos mercados y así puedan desviar la plata, entonces los recursos de los alimentos para la gente los llevan a sitios de procesados en distribuidoras donde no les da asco pasar una factura por millones luego de comprar a miles, ese es nuestro país y algo tiene que pasar para que las cosas mejoren. En esas compras el productor primario no cabe y todo porque no le camina a los torcidos”, enfatizó.

Espinosa dijo que la idea de retomar el campo colombiano a gran escala por la coyuntura de quiebra y pandemia más hambruna es una noticia buena para quien vive de la siembra, pero razonó que viene una tremenda complicación porque muchos no podrán disfrutar de ese desafío porque por esa falta de apoyo y atención, la pérdida de fincas y casas será monumental porque hay pendientes incontables embargos con los bancos.
Esta semana que pasó al agricultor que llegó con una tremenda sonrisa a la gran Central mayorista le quitaron el semblante en seco pues le ofrecieron por cada bulto de habichuela, sembrada con dificultad y con unos costos elevados, 8.000 pesos por bulto, si, ocho mil pesos por bulto. Como si esa oferta fuera poco, al agricultor, hoy de celebración, le dijeron que le pagaban la caja de pepino entre 1.000 y 4.000 pesos, créanlo, mil y cuatro mil pesos.
Siga sentado, si tiene agua de yerbas, respire y tome, le cuento,… un bulto de habichuela tiene un costo de producción, hasta llegar a Corabastos de 50.000 pesos y la caja de pepino llega a esa central con un costo de 13.000 pesos. Esa madrugada la caja fue vendida a 5.000 pesos. Por fortuna Jorge el juicioso labriego no vive por la salida del Salto del Tequendama. En la Central Mayorista que acopia abuso y unos carteles de los alimentos que no los detiene nadie, llega el pobre campesino que literalmente sigue llevando del bulto. Hoy, de manera increíble, a los labriegos, los están felicitando.

“En los gobiernos, y hablo por varios que he visto pasar, hay gente que se refiere a la agricultura y no sabe ni cómo se siembra una mata, la gente conoce el producto, pero una vez llega a su mesa, no saben de costos, de deudas, de trabajo, de pagos del día a día y menos de sufrir.

Si seguimos así, los campesinos vamos a quedar en la ruina y si hay crisis de producción y cierran importaciones o no nos venden comida, vendrá el hambre que es más terrible que el Coronavirus”, sentenció Jorge Espinosa.

Los productores de Cabrera y muchos de otros municipios que madrugan y comparten inquietudes en la Central Mayorista dicen que es el momento de los labriegos y de quienes producen alimentos pues llevar ayudas a las oligarquías finalmente implica firmar cheques que se pierden, con apoyos a la ruralidad, recalcan, la gente pobre o rica, no se va a morir de hambre.

“Entre más trabajamos más pobres estamos, pero esa es la política y lo que nos corresponde según el gobierno. En este día del campesino lo ideal sería que el Mandatario nos tuviera en cuenta y evitara que las ciudades se quedaran sin comida. Hoy pedimos precios favorables para los agricultores y para las amas de casa. Tengo que decirlo, me da mucho orgullo ser campesino de la región del Sumapaz, tierra de gente trabajadora, abnegada y comprometida. Necesitamos respaldos, rentabilidad y dignidad porque hay campesinos que en pleno siglo XXI viven peor que en los tiempos de las cavernas. Mucha gente pasa hambre, no sabe de carne y recibe tratos de quinta, ojalá el gobierno se ponga la mano en el corazón y nos tenga en cuenta porque a este paso no habrá ni campesinos ni alimentos ni ruralidad”, concluyó el agricultor Jorge Espinosa.

Hubiésemos querido hacer un reportaje con mejores cifras y con voces de gente feliz, pero esa es la gris y opaca realidad de una ruralidad que demanda ayuda, que no quiere regalos, pero sí una mano amiga y sincera porque ellos los productores del campo alimentan familias ajenas, hijos que no conocen, madres que ven como propias y comunidades que en ocasiones los desprecian sin saber que si de una mano comemos, es precisamente de la de los campesinos. Si no hemos pasado hambre y necesidades es por esos valiosos campesinos y si hay futuro y la manera de salir adelante con la frente en alto es aprendiendo mucho de la nobleza, la generosidad, el credo y el respeto que viene del campo, unos valores que suelen ser irrespetados desde una frese ofensiva hasta una propuesta de compra miserable.
Hoy escuchando a muchos campesinos y campesinas me vino a la mente el superlativo y recordado Primer Ministro británico Winston Churchill, cuando los profesionales de la labranza me hablaron de los mercados y los atunes a precio de oro, de corruptelas, pero de opciones en el campo, qué oportuno recuerdo en palabras me obsequió ese respetado político y obstinado pensador. “Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”.

A todos ustedes campesinos de Colombia, hombres y mujeres que sin importar como venga el día en los predios, gélidos o calurosos, con viento o con lluvia, ustedes siempre y de manera incondicional levantan las cabeza alegres con ansias de ver la tierra y de enviar el fruto de su esfuerzo a las ciudades, a ustedes por ser tan importantes, por ser la mano de obra más útil y las mejores personas, eternamente gracias.

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