Plan de vuelo frente al COVID 19: Creatividad

Plan de vuelo frente al COVID 19: Creatividad

Ángel Matas Martín
Instructor de soluciones creativas
CEO at Founder Creativenomics.
amatas@crnomics.com
www.creativenomics.com

Desde un punto de vista creativo y en relación a la solución del COVID-19 en toda su dimensión sanitaria, social y económica ligada a la incertidumbre actual y a los resultados deseados me atrevería a afirmar, con todos sus matices diferenciadores, que el mundo se encuentra actualmente en una fase emocional que hemos experimentado en numerosas ocasiones. Aquella sensación que se vive en la cola de embarque de un vuelo que, según nos indica la megafonía del aeropuerto, se está retrasando y del que se desconoce la hora exacta del despegue.

La espera se alarga, ¿qué está ocurriendo?

El cisne negro que Nicholas Taleb identificaba como el impacto de lo altamente improbable se ha posado en mitad de nuestra pista de lanzamiento de valores y tecnologías seguras, de globalización productiva y de mercados robustos, de seguridad ciega en el progreso, de confianza ilimitada en nuestra capacidad de respuesta en un mundo en donde la travesía computacional se limita a conectar ceros y unos. Esta ave anseriforme está trastocando desde el núcleo hasta los contornos más alejados de los estilos placenteros, humanistas y mercantilistas de nuestras vidas.  Nos impide despegar, nos ha pillado desprevenidos.

Volvemos a mirar el reloj. Este impasse es duro, muy duro, nuestros destinos personales, sociales y económicos se han asomado crítica y trágicamente a nuestras propias vidas, necesitan respuestas y las necesitan ya. Sin embargo la fila no avanza.

Tenemos la garantía de que la creatividad está ahí fuera con los motores encendidos, rugiendo, procurando una vez más que el ser humano dé lo mejor de sí mismo para elevarlo a cuotas resolutivas únicas. Este avión hoy por hoy es nuestra única esperanza de abandonar un lugar que desde hace ya más de un año nos está resultando desolador en muchos sentidos.

Me atrevería a decir que para poder despegar con garantía de éxito al hombre y a la sociedad solo le queda una solución: introducir realmente la creatividad en sus vidas. Y no, no es ésta la frase ideal para el frontispicio de un templo lacio o para el eslogan de una multinacional de generación de talento competitivo que lanza un nuevo producto al mercado, es un planteamiento vital e  irrenunciable, individual y colectivamente.

La primera crítica que podría surgir a este planteamiento es la siguiente: estamos hablando de un tema serio, mueren personas, la economía se desploma, lo que menos necesitamos en estos momentos es abstracciones y originales experimentos a largo plazo. Se necesitan respuestas claras y se necesitan con urgencia.

Parece un argumento irrefutable, si un bote se hunde, antes de pintar las velas haz de taponar la fuga de agua. Pero es precisamente este argumento el que nos ha traído hasta aquí. La inmediatez en la búsqueda de cualquier solución avanza resolviendo síntomas y no causas, y bajo esta fórmula la creatividad no se desarrolla, al contrario, se exprime, perdiendo, por así decirlo, todo su jugo, todo lo que realmente importa y es connatural a ella: el proceso creativo.

Ni los que alardeaban de tener los mejores sistemas sanitarios del mundo, ni las economías robustas habían aprendido realmente de las crisis recientes. Teníamos el día a día cargado de problemas, un mundo sin pausas, sin reflexión profunda y sin tiempo para acudir penitentes, al menos desde la razón, al gran santuario de Ise en Japón – que cada veinte años se destruye totalmente para edificar en un terreno baldío a su lado un templo completamente nuevo – por la afrenta de adorar persistente y sin cuestionar la tríade de dioses “seguridad”, “tecnología” y “deshumanización”.

La realidad estaba delante de nuestros ojos pero fuimos incapaces de ver que en este mundo el aleteo de una mariposa, no es ficción, genera tsunamis a miles de kilómetros, que las reglas del juego económico dejando atrás decenas de economías locales – pero locales, a nivel de ciudades y pueblos – han caducado, que el coche sin conductor de Google no era más valioso que un rickshaw de la India porque este implica al menos dos corazones y, por supuesto, que de vez en cuando los cisnes negros se posan en nuestro jardín de las delicias.

En este enfoque distorsionador ha influido una corriente silenciosa que a modo de casamentera ha buscado emparejar dos términos que me atrevería a definir como irreconciliables en aspectos cruciales: creatividad e innovación. La creatividad está íntimamente ligada a la exploración, frente a la innovación que persigue la explotación. La frontera es nítida. Hemos tomado el rumbo de explotar sin explorar, si vale se copia y se reproduce hasta la extenuación; si exploro y fracaso, abandono, el horizonte claramente me indica que la tierra es plana, no necesito más. Desde nuestra más tierna infancia penalizamos la exploración y laudamos la explotación del conocimiento disponible y evaluable, no del desconocido, del cuestionable, del inexistente.

Y consecuencia de este escenario exclusivamente tangible en términos de rentabilidad bajo múltiples fórmulas en las que se incluyen no solo las económicas, la persona pierde su esencia, realiza a diario un auténtico ejercicio de autodelegación de este bien tan preciado que es la creatividad y la presenta como antítesis de la seguridad, de ahí que entre el 70% y el 80% de nuestras acciones cotidianas proceden de hábitos profundamente arraigados que ni analizamos ni cuestionamos, una autodelegación que crece aun más porcentualmente en aquellas organizaciones, como pueden ser nuestras cooperativas, creadas por el propio hombre que requieren planteamientos aun más seguros y productivos. De este modo se nos escapa por imperceptibles, como individuos y como sociedades, el small data, esas pequeñas pistas que, tal y como expone Martin Lindstrom, reflejan grandes tendencias – más allá del plano comercial – que desde una dimensión global se vuelven invisibles para unos ojos ya insensibles a la luminosidad de lo extraordinariamente ordinario pero que resultan ser determinantes cuando llega el cambio.

A mí me gusta señalar que la creatividad es un fruto un tanto original que germina como consecuencia de varias habilidades que se interconectan en la persona. Es original entre otras muchas razones porque ese fruto pende del individuo por dos pedicelos: la correcta observación y el sagaz cuestionamiento. Estos dos recursos permiten que la creatividad se alimente de una imaginación rica en nutrientes lo que hace que al final la solución pueda alcanzar un punto de madurez excepcional para ser degustada en todo su valor nutritivo. Sin aquel tándem, por más brillo y colorido que irradie del fruto, su interior es pobre y cuando sufra los envites de la intemperie más tarde que pronto acabará pudriéndose. Pero… como individuos y cooperativas ¿tenemos tiempo de observar, de cuestionar? ¿Ese aire fresco penetra en nuestras organizaciones continuamente?

Dejaremos para el próximo post algunas acciones concretas de respuesta al COVID 19 desde nuestras cooperativas.

Fotografías bajo licencia Premium de Freepik.com

Ángel Matas Martín

Instructor de soluciones creativas

CEO at Founder Creativenomics.

amatas@crnomics.com

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