Trabajemos para relacionar y unir: el momento es ahora

Trabajemos para relacionar y unir: el momento es ahora

A veces es buena la crítica y mucho mejor la autocrítica en el diván o en la placentera silla de las decisiones, o en la playa, por ello, dejamos estos comentarios de Guillermo Arboleda, que buenas luces no da, para esta analogía: alinear la tormenta dispersa que se junta en un riachuelo, retenerla, ella como llega se va, aunque haga una cruz en el agua, que espera no se borre al retorno de otra riada, que no será del agua, que dejamos de beber. Comentario wiltonrizzo@ecosolidaraio.com.co

“Somos incontables, pero dispersos” Edgar Morin
Si cumplimos el gran reto de integrar las grandes mayorías numéricas alrededor del proyecto común solidario, recuperaremos su verdadera potencia y, sin lugar a dudas, seremos la especie vital para la metamorfosis social que requiere el país.
“Mientras persistamos en el error de la dispersión estructural y en nuestra profunda desconexión o pobreza relacional, seremos incapaces de salvarnos como un todo, como sistema.”
El optimista confía en que vendrán tiempos mejores; el pesimista tiene sus batallas perdidas de antemano, desconfía del futuro antes de recibirlo. “Ningún pesimista descubrió jamás los secretos de las estrellas, o exploró una tierra no cartografiada, o abrió ningún cielo nuevo para el espíritu humano», escribió Helen Keller, notable autora norteamericana, primera ciega y sordomuda en graduarse en una universidad en Estados Unidos; aprendió a leer francés, alemán, griego, y latín en braille; escribió once libros, inspiró dos películas ganadoras de un Oscar y luchó por los derechos de los ciegos hasta su muerte a los ochenta y siete años.
Empecemos por hacer parte de las redes de colaboración
Quiero fungir de optimista e invitar a quienes se han beneficiado del pasado o se aferran a él, a dar el paso para materializar el discurso y abandonar una retórica idealizada por la nostalgia, que no necesariamente funciona en la realidad. Por eso espero con un optimismo suicida que las ideas sobre las redes de colaboración, sean asumidas como una cálida y solidaria invitación para que dinamicemos, nuestra provocadora y desmesurada pretensión de lograr la integración real del sector social y solidario en forma de red.
La principal insuficiencia como sector social y solidario es la dispersión, el aislamiento, la separación.
Y es funesta porque al no reconocerla o seguir aplazándola, va configurando la desesperanza. Cualquier existencia es coexistencia, solidaridad. Si cumplimos el gran reto de integrar las grandes mayorías numéricas alrededor del proyecto común solidario, recuperaremos su verdadera potencia y, sin lugar a dudas, seremos la especie vital para la metamorfosis social que requiere el país.
Se podría argüir que integración ya existe
Y sí; como gremios o asociaciones, o federaciones o centrales o confederaciones; un nivel muy importante pero no suficiente, porque no nos integra desde la economía, porque los distintos subsectores actúan en el mercado de manera individual y dispersa permitiendo sin inmutarse el altísimo costo de un permanente escape de flujos, que nos somete inexorablemente al dominio a ultranza de la economía capitalista.
Me refiero a la insospechada cantidad de recursos, que no aprovechamos como sector. Solamente la suma conjunta de compras por volumen para hacer economías de escala nos daría una cifra tan grande que no lo creeríamos.
Mientras persistamos en el error de la dispersión estructural y en nuestra profunda desconexión o pobreza relacional, seremos incapaces de salvarnos como un todo, como sistema; nunca transformaremos la economía de una manera contundente en beneficio no sólo de nuestras bases sociales, sino de todas las comunidades excluidas de nuestro país.
Cuando cambia la realidad, cambian las soluciones. Hoy muchos miran a la economía solidaria como la vía salvadora en esta poli crisis mundial que se presenta, que nos indica que este es el momento y nosotros somos el lugar para iniciar con determinación la integración en red.
Cuando Edgar Morin dice que todo lo que no se regenera degenera, nos invita a pensar que el sector social y solidario debe salir de esa estación de la comodidad, de ese hábitat interno un tanto holgado pero egocéntrico en el que ha flotado, con organizaciones que se reproducen bien así mismas, pero no resuelven o son apáticas a las problemáticas del todo, como si la totalidad fuera la parte, desconociendo ciegamente la complejidad de un sistema abierto.
La invitación es a una mirada más amplia, más extensa, más holística; a dar el paso sin temor hacia afuera, hacia la conexión con otros, para buscar complementariedades, para el trabajo colectivo, para el proyecto común, para la verdadera transformación; sin esa óptica reduccionista que se regocija y autocomplace engañosamente sólo consigo mismo, desestimando las consecuencias para el sistema como un todo orgánico.
Un alto para cambiar o dejar el ámbito solidario colombiano en su rudeza histórica
Un connotado filósofo internacional de la economía solidaria, me dijo alguna vez que define a los cooperativistas colombianos con dos palabras, autoflagelantes y autocomplacientes.
Me explicó: “Son autoflagelantes en cuanto que entre ustedes mismos se dan muy duro y compiten; y son autocomplacientes porque cuando cada uno se refiere a su propia cooperativa, sólo tiene palabras de autoelogio”. Somos un sector diferenciado, pero subordinado al modo de producción capitalista, presos del paradigma que nos impele sin cuestionar a competir y a rivalizar.
Pareciera que existe en el sector una disyuntiva estratégica entre pasado y futuro, entre conservación y cambio; pero creo que esa paradójica combinación es necesaria para el sector, e irremediable para enfrentar este nuevo entorno.
Recuperar la identidad desde la práctica, rica moralmente y expresada en valores y principios, es conservar el pasado; y adaptarnos a los nuevos tiempos es estimular el progreso y el cambio.
En lo primero porque hemos sido infieles, así el discurso diga otra cosa; y en lo segundo, por nuestra endémica pasividad en emprender procesos colectivos de progreso e innovación, acompañados de un muchas veces tardío cambio de paradigmas que no corresponden a estos nuevos tiempos.
Creo que las redes son aún incipientes en el sector social y solidario; y en Colombia particularmente es una rareza verlas como estrategia en cada organización; entre las élites de capital son lo normal. Creo también que las redes tienen enorme impacto dentro del sector, pero serán tratadas como ocurre en todos los procesos de innovación, con cierto rechazo al principio, pero aceptadas con el tiempo, a base de insistencia, promoción, motivación y formación, desde cada comunidad, cada organización, cada agremiación, cada persona.
Margaret Mead nos brinda todavía otra luz de optimismo: “No dudemos jamás que un pequeño grupo de personas conscientes y comprometidas pueden cambiar el mundo. De hecho, es así como ha ocurrido siempre”.
No sigamos hablando de integración, mientras las acciones son de separación, pues bien, a trabajar en relacionar y unir, es el momento y nosotros somos el lugar de ese cambio.

Guillermo Arboleda Gómez. 2021

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