Una amenaza no es un riesgo - Caso Coronavirus

Una amenaza no es un riesgo - Caso Coronavirus

Elaborado por: Hernando Porras Gómez – PhD (c), CQRM, MF, MBA

Bogotá, 12 de marzo de 2020

Aunque en apariencia son expresiones iguales existe una clara diferencia conceptual entre la amenaza y el riesgo. Una amenaza es el anuncio de un mal o daño, por ejemplo, el anuncio del impacto de un meteorito; en tanto que el riesgo es el producto de una elección. A pesar de que en ocasiones el riesgo se define como una “medida”, en realidad el fenómeno de riesgo nace del intento del ser humano de estimar el futuro a partir de las decisiones que tome en el presente.  

El hecho de que el riesgo sea percibido por quien tome la decisión o que sean otros los que se lo atribuyen no es algo importante. Tampoco importa en qué momento ocurre el daño, es decir, en el momento de la decisión o después. Lo verdaderamente importante es que el posible daño sea evitable.

Lo anterior significa que una amenaza se podrá convertir en un riesgo de proporción menor o superior dependiendo de las decisiones que se tomen.

Así, por ejemplo, en el contexto de la pandemia actual originada por el Coronavirus, algunos individuos podrían subestimar el riesgo por que les ha ido bien o por encarar una situación que aún no han sido vivida dado que su zona o región no les ha afectado. Otros en cambio, podrían sobre estimar el riesgo y los potenciales daños provocando un incremento generalizado del temor y engendrar una crisis con efectos devastadores.

En ese sentido, ¿qué decisiones son recomendables tomar para evitar infravalorar o sobrevalorar el riesgo? 

Lo primero, asumir el riesgo como resultado de sus decisiones evitando culpar a terceros por las consecuencias o daños, es decir, los nefastos resultados del negocio, el pésimo indicador de cartera vencida, el número de lesionados o muertos, (en el caso del Coronavirus), son el resultado de nuestras decisiones buenas o malas.

En segundo lugar, adopte prácticas de prevención, la cual debe entenderse como actos dirigidos a prepararse contra potenciales daños futuros, buscando reducir la probabilidad de ocurrencia o que las dimensiones del daño se reduzcan. En el caso de la amenaza del Coronavirus adopte las indicaciones de prevención que la Organización mundial de Salud, el Ministerio de Salud y Protección Social y el Instituto Nacional de Salud han difundido sobre el particular.  Omitir la prevención, se convierte en un riesgo.

En tercer lugar, cuide el contexto que guía la evaluación del riesgo, es decir, los factores tanto internos como externos que puedan afectar sus objetivos, pero en particular los flujos de información claves en la evaluación del riesgo, empleando fuentes de datos fidedignas y confiables. El uso de datos poco confiables genera atrofias en la estimación de riesgo que eventualmente redunda en su infravaloración o sobrevaloración. En el caso del Coronavirus, asumir datos no oficiales como ciertos genera riesgos adicionales.

Finalmente, cuide la comunicación del riesgo, sobre todo la selectividad de los medios de comunicación y como debe estar conformada la comunicación de manera que intente influir en elevar la conciencia del riesgo. Recuerde que los riesgos que usted comunica puede ser la amenaza para otros.

La inadecuada comunicación tiene como consecuencia que se incremente y generalice el temor el cual constituye un importante elemento perturbador del ánimo social. El acto comunicativo representa el medio más general para la producción de orden o desorden, por lo que combatir actos disfuncionales como el rumor significa una ventaja importante en la búsqueda de la comunicación asertiva.

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