Urbanismo fundamentado en la iniquidad

Urbanismo fundamentado en la iniquidad

Los planes de desarrollo físico de las urbes en lapsos cortos se vuelven  obsoletos, la ausencia de trasporte masivo integral y las normas que se implementan más por intereses privados inmediatos en contra de los intereses colectivos y el largo plazo.

Apenas a finales del siglo antepasado la historia registró la terminación del imperio colonial y en el presente somos testigos del agudo y acelerado proceso de industrialización y adelantos tecnológicos.

Así  mismo,  del acelerado crecimiento de la población y el cambio de la estructura  y morfología de las ciudades.

Siendo un comportamiento y fenómeno de Latinoamérica, pasar de un país casi rural a principios del siglo XX,  77%, a un país mayormente urbano 72% en la primera década del siglo XXI, revirtiéndose el indicador.

el proceso de urbanización en el país en los últimos cuarenta  años -debido al crecimiento de la población- es el más acelerado de los últimos 150 años, originado por la descomposición del agro,  la migración de habitantes campesinos a las urbes por causa del desequilibrio económico, la absorción de los  mismos  a las industrias urbanas en crecimiento,  fábricas e industria de la construcción, por el sueño de una mejor vida,  huyendo al desalojo por la violencia y la pugna por el dominio del territorio en la tenencia económicamente desigual de la tierra.

Este proceso ha planteado un país que le tocó densificar las urbes con mayor número de viviendas e infraestructura de servicios  en tiempos cortos, con apremiantes   expectativas que  la población de Colombia se puede duplicar en los próximos 30 años.

Lo anterior requiere  atender el  hábitat de tal demanda, los servicios,  las  vías, saneamiento, trabajo y demás bienes indispensables  para una supervivencia digna y decente.

Refiriéndonos a Bogotá, fundada  en 1.538, registramos que en 1.910 tenía 110.000 habitantes, en 1.950  720.000 personas, a finales de siglo 3.300.000 y hoy supera los 8.000.0000 de habitantes.

A medida que la ciudad se  ha extendido a partir del centro colonial, se ha polarizado cada vez más en zonas homogéneas de altos ingresos hacia el norte del centro histórico y de bajos ingresos hacia el sur y sur-oeste.

Esta tendencia queda consolidada y signada –sentenciada–  a raíz del Plan de Desarrollo Urbano formulado por el famoso arquitecto internacional Le Corbusier en 1.951, donde  planteó un eje industrial hacia el occidente desde el centro histórico, dividiendo la ciudad en dos, hacia el norte y hacia el sur.

Esta sectorización ha constituido la base de los planes de desarrollo urbano existentes y adoptados, en donde la segregación se ha institucionalizado, debido a la reglamentación por zonas, que determinan el tamaño de los lotes y densidades, en donde se favorecen altos ingresos y bajas densidades al norte, y altas densidades y bajos ingresos al sur. Solamente los moradores de altos ingresos pueden ser beneficiarios de un urbanismo digno, vías y transporte eficientes, parques, áreas verdes y mallas de servicios ordenados.

Abismos sociales

Aunque la urbanización masiva social soluciona transitoriamente el problema del empleo, trae problemas cualitativos en la calidad de los moradores, en costos sociales y de medio urbano que difícilmente se puede mejorar o armonizar en corto tiempo, ocasionando dentro de la estructura de la ciudad los abismos sociales.

Asimismo, las diferencias entre las categorías socio-económicas, los estratos, el suelo en sus usos, clasificaciones típicas del desarrollo, imposibilitando a los sectores pobres a acceder a procesos de renovación urbana dignos, creando las culturas permanentes del barrio bajo, la favela, la vivienda marginal y de última categoría.

A lo anterior, se debe agregar como resultado que  los planes de desarrollo físico de las urbes en lapsos cortos se vuelven  obsoletos, la ausencia de trasporte masivo integral y las normas se implementan más por intereses privados inmediatos, en contra de los intereses colectivos generales y el largo plazo.

Específicamente en Bogotá este sello y tendencia se tiene que revertir,  cambiar  o mitigar, que el correcto urbanismo esté al servicio de la totalidad de sus moradores, que las diferencias de valor del inventario inmobiliario se relacionen  intrínsecamente con el mismo  y no con el urbanismo  desigual e inequitativo.

 

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